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Las redes de cuidado comunitario también sostienen el medio ambiente en América Latina

SOSTENIBILIDAD. Un estudio regional revela que organizaciones barriales lideradas principalmente por mujeres impulsan acciones clave para el cuidado ambiental desde los territorios.

En los barrios populares de América Latina, el cuidado no se limita a la cocina o al acompañamiento social. También se extiende al entorno: limpiar una plaza, gestionar residuos, cultivar alimentos o garantizar el acceso al agua son parte de una misma tarea que sostiene la vida. Así lo refleja el informe “Tramas de cuidados en el entorno comunitario y ambiental”, elaborado por la Asociación Civil Lola Mora, que analiza experiencias de 16 organizaciones en Argentina, Brasil y México.

El estudio muestra que estas redes comunitarias -comedores, espacios educativos y organizaciones barriales- cumplen un rol clave en el cuidado ambiental, aunque muchas veces estas acciones no se reconozcan explícitamente como tales.

Sostener la vida en el territorio

Los cuidados comunitarios, realizados en su mayoría por mujeres, abarcan una amplia gama de actividades colectivas. Van desde la provisión de alimentos y el acompañamiento frente a situaciones de violencia hasta el mantenimiento de espacios públicos, la gestión de residuos y la producción de alimentos en huertas barriales.

Estas prácticas forman parte de una red de acciones orientadas a sostener la vida cotidiana en contextos de alta vulnerabilidad, donde el cuidado se vuelve una responsabilidad compartida y una respuesta concreta ante múltiples carencias.

Aunque la dimensión ambiental no siempre aparece como un eje central en sus agendas, muchas de estas organizaciones impulsan acciones que inciden directamente en el entorno. Entre ellas destacan campañas de reciclaje, compostaje, recuperación de espacios públicos, talleres de educación ambiental y el desarrollo de huertas comunitarias.

Medio ambiente y desigualdad

Uno de los principales hallazgos del informe es que los problemas ambientales no se presentan de manera aislada, sino que se entrelazan con otras formas de violencia y desigualdad.

La contaminación del agua, la presencia de basurales o el uso de agroquímicos se superponen con problemáticas como el desempleo, el endeudamiento de los hogares, el aumento del consumo problemático de drogas y la violencia de género.

En este contexto, las organizaciones comunitarias amplían su campo de acción y generan respuestas donde la intervención estatal resulta insuficiente o discontinua. El medio ambiente, así, deja de ser un concepto abstracto y se convierte en una condición concreta de la vida cotidiana, que impacta directamente en la salud, la seguridad y las posibilidades de desarrollo de las comunidades.

Acciones locales con impacto ambiental

A pesar de que muchas organizaciones no se identifican como ambientalistas, sus prácticas tienen efectos directos en la mejora del entorno y , en muchos casos, surgen como respuesta a problemas urgentes del territorio, como la acumulación de residuos, la falta de espacios verdes o la precariedad en el acceso a servicios básicos.

En zonas rurales, el informe advierte sobre el impacto de actividades extractivas y cambios en el uso del suelo, que generan conflictos por la tierra, el agua y la salud de las comunidades. En estos contextos, las mujeres desempeñan un rol central en la defensa del territorio. Son quienes identifican los efectos de la contaminación, organizan respuestas colectivas, generan información sobre los impactos ambientales y articulan con universidades y organismos públicos.

Su conocimiento del territorio y su participación activa en la vida comunitaria las posiciona como actoras clave en la construcción de soluciones frente a los desafíos socioambientales.

Frente a la crisis climática

Aunque el cambio climático no siempre es mencionado explícitamente por las organizaciones, muchas de sus prácticas contribuyen a enfrentar sus impactos. La agroecología, la gestión comunitaria del agua, la reforestación y la producción local de alimentos son algunas de las estrategias que emergen desde los territorios para responder a una crisis que ya se siente en la vida cotidiana.

Estas acciones combinan saberes locales, organización colectiva y adaptación a contextos cambiantes, y evidencian el potencial de las comunidades para generar soluciones sostenibles. El informe concluye que reconocer y fortalecer estas experiencias es clave para el diseño de políticas públicas más integrales.

Integrar el cuidado de las personas y del medio ambiente como parte de una misma agenda, valorar el conocimiento territorial y apoyar las redes comunitarias aparece como un paso fundamental para avanzar hacia modelos de desarrollo más sostenibles y equitativos.

Con datos de Agencia InnContext y Asociación Civil Lola Mora

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