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En las faldas del Amboró, la producción de café se consolida bajo modelos agroforestales

David Villegas cosecha en café en su propiedad Parabanó, en El Salao. Las plantas crecen junto a árboles frutales, especialmente de cítricos.

SOSTENIBILIDAD. Producción agroforestal, expansión acelerada y demanda internacional impulsan el crecimiento de la caficultura en 11 municipios del área de influencia del parque.

Karina Vargas Alba

La caficultura está dejando de ser una actividad marginal en Santa Cruz para consolidarse como una nueva apuesta productiva en expansión en el área de influencia del Parque Nacional Amboró. Con presencia en 11 municipios, más de 700 productores y más de 1.000 hectáreas cultivadas, el sector atraviesa una etapa de crecimiento acelerado impulsada por la demanda internacional y por un modelo de producción asociado a la conservación del bosque.

“El café cruceño está creciendo como nunca”, resume Oscar Crespo, presidente de la Asociación de Productores Agroecológicos del Amboró (Aspagro), quien asegura que la actividad se ha expandido más de 300% en los últimos años, favorecida por el potencial agroecológico de la región y el interés creciente del mercado por cafés de calidad producidos de forma sostenible.

Para Edilberto Osinaga, gerente general de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), el fenómeno responde a una oportunidad estructural. “La demanda mundial de café crece de forma exponencial y eso hace que sea una oportunidad importante para Santa Cruz”, señala. El ejecutivo destaca que el departamento reúne condiciones para diversificar su matriz productiva hacia este cultivo, con potencial tanto económico como ambiental.

Uno de los rasgos distintivos del modelo que promueven los productores del Amboró es su enfoque agroforestal. El café se cultiva bajo sombra, asociado a cítricos, frutales o bosque nativo, evitando desmontes y reduciendo el uso de agroquímicos. Para los productores, esta lógica no solo mejora la calidad del grano, sino que convierte al cultivo en una alternativa compatible con la conservación de áreas sensibles.

“Estamos sembrando café bajo monte, cuidando de no fumigar con químicos y evitando hacer quema. Es una producción amigable con la naturaleza, pensando en cuidar el agua, el bosque y la alimentación de nuestra gente”, afirma Crespo.

Productores que muestran el potencial del modelo

En la comunidad de El Salao, en el municipio de El Torno, David Villegas desarrolla un sistema agroforestal en el que combina café con mandarinas, limones y otros frutales, que brindan sombra y evitan que los cafetos sufran las consecuencias de las altas temperaturas. Bajo esa sombra produce la variedad Sepac 3, un café que ya alcanza puntuaciones cercanas a 85 puntos en taza, nivel que lo ubica dentro de la categoría de cafés de especialidad.

Villegas explica que el proyecto comenzó hace cinco años, cuando plantaron las primeras plántulas en la propiedad familiar. Tras un periodo de desarrollo de la plantación, hoy llevan alrededor de cuatro años en etapa productiva. La cosecha se realiza de manera selectiva, recolectando únicamente los granos en su punto óptimo de maduración -los de color rojo intenso o guindo- para asegurar una mejor calidad en taza.

El café de El Salao se comercializa bajo la marca «Parabanó». Toda la familia trabaja en el proyecto: doña Mirtha Yabeta ofrece el helado y los bombones que se preparan en el lugar.

“Nos han sugerido que el sabor da para exportación”, afirma. El desafío ahora, explica, es escalar volumen: actualmente su finca produce alrededor de 20 sacos -de aproximadamente 40 kilos- de café pergamino seco por cosecha

Mientras tanto, está desarrollando una cadena productiva con valor agregado. Su café ya se comercializa bajo la marca “Parabanó” y el sello de “cultivado en el portal de los valles cruceños”. Y su familia forma parte del proyecto, mientras su esposa, Mirtha Yabeta, incorpora el café en la elaboración de alfajores, helados y bombones, su hijo Fabián es el experto en la elaboración de las diferentes variedades de café, donde el “expresso” es la estrella.

Oscar Crespo es un convencido de los beneficios de producir bajo sistemas agroforestales. Aquí se aprecian los cafetos junto a los árboles en su propiedad de Cuevas.

Samaipata también crece

Más allá de ser el presidente de Asproagro, Crespo trabaja en sus cafetales con la convicción de que se puede lograr una producción de excelencia respetando el bosque de los cerros. Sus cafetales crecen en las alturas de Cuevas, en el municipio de Samaipata, donde las diversas variedades se combinan con la producción de miel y de orquídeas, en un proyecto que también se ha convertido en un desafío familiar.

El recorrido por la plantación muestra cafetos de diferentes edades y variedades bajo árboles de gran altura. Al llegar, Crespo saluda con su tradicional “buenos días, cómo están mis reinas”. Se refiere a las abejas que trabajan incesantemente en sus colmenas y que son esenciales para mantener las características de su área de producción, además de brindar miel de calidad, propóleo y otros derivados que -por ejemplo- le permiten elaborar un jarabe para la tos, muy conocido en la zona.

Oscar, el hijo mayor, es el responsable de controlar los procesos de despulpado y secado, para entregar el café pergamino.

Aquí también hay un proyecto familiar. Oscar, el hijo mayor, es ingeniero agrónomo y ha aprendido cada detalle de la producción de café, desde la creación de plantines, hasta el tostado. Bajo la marca “Os-Kar Café Especial”, los amantes de esta bebida lo pueden encontrar en la cafetería familiar que han instalado en Samaipata, y que es atendida por otros dos hijos, enfocados en la parte comercial y el desarrollo del barismo.

Pronto otros dos se sumarán al proyecto, para apoyarlo desde el marketing y el trabajo agrícola. Marci Montenegro completa este proyecto familiar, es la esposa y mamá, pero también la que impulsa la producción de orquídeas y otras plantas que crecen en ese espacio integrado de manejo agroforestal.

A fines de 2025, un café Geisha producido en la finca samaipateña, marcó un hito. Por primera vez, un café cruceño rompió la hegemonía de la producción paceña al obtener un puntaje de 91,78 puntos, en la categoría de Café Presidencial.

A la izquierda el café que ganó el reconocimiento, sorprendiendo a los jueces. Esta cafetería está a tres cuadras de la plaza principal de Samaipata.

Los jueces destacaron las notas de manzana verde, mandarinas, mango y una intensa fragancia floral, con una acidez brillante y cuerpo sedoso. Tras recibir el reconocimiento, el café se vendió en una subasta internacional a un precio récord de 55 dólares por libra a compradores de Bolivia y Corea del Sur.

Yapacaní con más experiencia

Al norte, en Yapacaní, Alfredo Moya Arnez representa una fase más avanzada de la cadena productiva. Además de productor, trabaja en investigación de las variedades y el manejo agronómico; con 50 variedades de café en evaluación en su finca, su experiencia refleja el salto tecnológico que empieza a dar el sector.

“Ya no solo producimos, también innovamos”, asegura. En su caso, el aprendizaje lo llevó a integrar procesamiento, clasificación, tostado y comercialización bajo su propia marca: Café del Amboró. Hoy no solo vende materia prima, sino producto con valor agregado.

Moya asegura que algunas variedades probadas en su finca han alcanzado rendimientos de hasta 100 sacos por hectárea en condiciones experimentales, aunque el promedio actual de su zona ronda los 30 quintales de café pergamino por hectárea.

Alfredo Moya comercializa «Café del Amboró» y trabaja en el desarrollo de nuevas variedades en la zona de Yapacaní.

Una cadena en construcción

Pese al crecimiento, los productores coinciden en que el principal reto sigue siendo consolidar la cadena de valor. Aspagro y la CAO identifican como prioridades brindar mayor asistencia técnica, el acceso a financiamiento productivo, infraestructura para procesamiento y certificaciones de calidad y trazabilidad que permitan ingresar a mercados premium.

“La oportunidad está ahí, pero necesitamos investigación, innovación y certificación para apostar a mercados que paguen mejor”, sostiene Osinaga.

En una región históricamente asociada a otros cultivos extensivos, la expansión del café abre nuevas oportunidades para el agro cruceño: una cadena emergente que combina producción, conservación y valor agregado, y que busca convertir a las faldas del Amboró en uno de los nuevos polos cafeteros del país.

Productores de café y representantes de diferentes instituciones, dieron el vamos a la cosecha 2026 en la propiedad Parabanó, en el municipio de El Torno.

Foto principal:  David Villegas cosecha café en su propiedad Parabanó, en El Salao. Las plantas crecen junto a árboles frutales, especialmente de cítricos.

 

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