TECNOLOGÍA. Los niños declaran ser víctimas de acoso por diversos factores. Es urgente un acuerdo internacional para la protección de los datos personales.
Entre el 15 % y el 20 % de los niños en el mundo son víctimas de ciberacoso, aunque la cifra real podría ser mayor; el avance de la inteligencia artificial está acelerando estas prácticas y reforzando los vínculos entre el ciberacoso y otras formas de violencia criminal.
Así lo advirtió la representante especial sobre la Violencia contra los Niños, Najat Maalla M’jid, durante su intervención ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Esta tendencia se confirma en las percepciones y experiencias de los propios niños. Una encuesta reciente realizada por su oficina entre más de 30.000 niños de todas las regiones, reveló que el 66 % considera que el ciberacoso ha aumentado, y que uno de cada dos niños no sabe dónde ni cómo denunciar un caso y obtener ayuda.
Otras investigaciones internacionales arrojan conclusiones similares. La encuesta global de Microsoft de 2025 reveló que el 21 % de los niños habían sido víctimas de ciberacoso durante el año anterior, y que el 37 % lo consideraba su principal preocupación en materia de seguridad en línea. Estos datos también destacan a los niños más expuestos a estas violencias: aquellos percibidos como «diferentes» o marginados.
Con mayor frecuencia, los niños declaran ser víctimas de acoso por su apariencia física, raza, origen étnico, sexo, discapacidad, religión, orientación sexual, estado de salud, peso o situación socioeconómica.
En este contexto, «los rápidos avances y la mayor accesibilidad de la IA generativa están transformando el ciberacoso, haciéndolo más rápido, más dirigido, más difícil de detectar y propagándose a gran escala en múltiples plataformas», detalló Maalla M’jid.
La IA usada para humillar a los niños
Estos avances tecnológicos ilustran concretamente la transformación de las prácticas de ciberacoso. La creación de ultrafalsos (deepfakes), las herramientas que «desnudan» digitalmente y el clonaje de voz se utilizan cada vez más como armas para humillar y acosar a los niños, y ejercer coacción sobre ellos.
«Los niños confían demasiado en las herramientas de IA y no pueden saber si están interactuando con una persona real o no, lo que los hace vulnerables a la manipulación y la desinformación», insistió la responsable de la ONU.
Al mismo tiempo, muchos niños aún dudan en denunciar el ciberacoso. «Porque son estigmatizados, porque no saben dónde reportarlo, porque temen ser rechazados por sus pares o juzgados por los adultos».
Una reputación destruida en segundos
Las consecuencias de estas violencias en línea pueden ser particularmente graves. El informe señala la angustia psicológica y, sobre todo, el daño «irreparable a la reputación en cuestión de segundos». «Su impacto puede durar toda la vida. En los casos más extremos, puede llevar a los niños a quitarse la vida», afirmó la defensora de los niños.
Ante estos riesgos, se han puesto en marcha varias iniciativas para prevenir y combatir el fenómeno, como marcos jurídicos y regulatorios, estrategias de protección infantil en línea, educación y cultura digital, y herramientas basadas en inteligencia artificial para detectar contenidos perjudiciales e inapropiados.

La urgencia de un acuerdo internacional
Uno de los principales desafíos que señala el informe es la falta de regulación en la recolección internacional de datos personales. Aunque existen normas para la transferencia de información entre entidades, estas no se aplican cuando los datos se recogen directamente a través de internet, donde no existe un “remitente” identificable ni supervisado por autoridades locales.
Como consecuencia, «miles de millones de personas con acceso a internet pueden recopilar datos desde cualquier lugar del mundo sobre individuos ubicados en otros países”, sin que existan mecanismos claros de control o responsabilidad, dejando un vacío legal que pone en riesgo la privacidad global, explicó la relatora especial sobre el derecho a la privacidad, Ana Brian Nougrères.
Frente a esta situación, Nougrères enfatizó la necesidad de una respuesta coordinada a nivel nacional e internacional. Instó a los Estados a crear un “tratado global” que regule la recolección internacional de datos y proteja los derechos individuales.
Además, recomendó que los países “amplíen sus leyes nacionales” sobre protección de datos para incluir la aplicación extraterritorial. Esto garantizaría la protección de la información, incluso cuando los datos se recolectan desde el extranjero.
