SOSTENIBILIDAD. Un informe de CAF plantea que estos territorios han dejado de ser vistos solo como espacios agrícolas y se consolidan como activos estratégicos para la transición energética, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental.
Portal Verde
El futuro económico de América Latina podría depender cada vez más de lo que ocurra fuera de sus ciudades. Pero no únicamente por la agricultura. Un nuevo informe de CAF -Banco de Desarrollo de América Latina, sostiene que los territorios rurales de la región están dejando de ser entendidos como simples espacios de producción agropecuaria para convertirse en plataformas estratégicas donde convergen algunos de los activos más valiosos de la actualidad: biodiversidad, minerales críticos, servicios ecosistémicos, energía limpia y capacidad de captura de carbono.
El documento titulado “Raíces del futuro: el nuevo mundo rural de América Latina y el Caribe”, plantea un cambio de paradigma: pensar el campo no como la periferia de la economía, sino como uno de los principales motores potenciales de la próxima etapa de desarrollo regional.
El lanzamiento del informe estuvo acompañado por el anuncio de 8.000 millones de dólares en financiamiento para impulsar el potencial productivo, ambiental y económico de las áreas rurales de la región.
“El desarrollo de América Latina pasa inevitablemente por su mundo rural”, afirmó el presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados, al presentar la nueva estrategia del organismo, que busca traducir el potencial estratégico de estos territorios en inversión concreta, infraestructura y desarrollo productivo.
El monto forma parte de una estrategia más amplia del organismo, que proyecta aprobar 100.000 millones de dólares en financiamiento para América Latina y el Caribe hasta 2031, con creciente prioridad en iniciativas vinculadas a sostenibilidad, transición energética y desarrollo territorial.

Mucho más que agricultura
Hay diversos factores para sostener esta propuesta. América Latina y el Caribe alberga 120 millones de habitantes rurales y concentra el 22% de la superficie boscosa del mundo, el 50% de la biodiversidad conocida y cerca del 60% de los recursos globales de litio, además de más de 18 millones de unidades productivas agropecuarias. Para CAF, estos activos colocan al mundo rural en el centro de debates estratégicos sobre seguridad alimentaria, transición energética y acción climática.
El informe sostiene que el cambio no es únicamente ambiental o geopolítico, sino también productivo. Hoy, menos de la mitad de la población rural trabaja directamente en actividades agropecuarias, mientras el resto participa en sectores como turismo, comercio, servicios, logística, minería, energía y manufactura.
Esto refleja una transformación estructural del campo latinoamericano, cada vez más articulado con nuevas cadenas de valor vinculadas a la sostenibilidad, desde el turismo de naturaleza y los biocombustibles hasta los créditos de carbono, la conservación forestal y otros negocios basados en la naturaleza.
El documento señala que la conservación forestal ha impulsado nuevos negocios basados en la naturaleza, que aprovechan recursos y servicios de los bosques de forma sostenible para generar ingresos, a través de herramientas como los créditos de carbono.
Con relación a los biocombustibles, expresa que representan un eje estratégico de la transición energética y que existe gran potencial de producción utilizando residuos agrícolas. El crecimiento del turismo natural y cultural vuelve prioritario al turismo rural comunitario como oportunidad de diversificación económica en zonas rurales.

La paradoja regional
Pese a esa dotación estratégica de recursos, el informe advierte que América Latina sigue lejos de capitalizar plenamente ese potencial. La productividad agropecuaria de la región equivale a apenas 12% de la registrada en Estados Unidos, reflejo de brechas persistentes en capital, tecnología, infraestructura y eficiencia productiva.
A ello se suman déficits estructurales que limitan el desarrollo territorial: 33% de la población rural no tiene acceso a servicios financieros formales, solo 55% cuenta con agua gestionada de forma segura, apenas 11% dispone de saneamiento adecuado conectado a red y únicamente 40% vive a menos de dos kilómetros de una vía pavimentada.
La brecha en Bolivia
El informe analiza la situación de Bolivia. El país reúne buena parte de los atributos que el informe identifica como estratégicos para el nuevo mundo rural: alta biodiversidad, recursos forestales, potencial agroproductivo, riqueza hídrica, atractivo para turismo de naturaleza y una posición privilegiada dentro del Triángulo del Litio, la zona que concentra más del 60% de los recursos globales de este mineral.
Sin embargo, el país también refleja con claridad la brecha entre potencial y desempeño que atraviesa a buena parte de la región. La CAF ubica al país entre los de menor productividad agropecuaria por trabajador de América Latina, pese a que Bolivia figura también entre aquellos cuya producción agropecuaria más creció en la región en las últimas seis décadas, con una expansión de entre siete y nueve veces.
La combinación de ambos datos sugiere uno de los principales desafíos estructurales del país: la dificultad de traducir su abundante dotación de recursos en mayores niveles de productividad, valor agregado y desarrollo territorial sostenible.
Una disputa por el modelo de desarrollo
Más allá de los datos sectoriales, el mensaje de fondo del informe es estratégico: en la nueva economía global, el mundo rural deja de ser un espacio periférico para convertirse en un territorio central en la disputa por competitividad, sostenibilidad y seguridad de recursos.
Para países como Bolivia, ricos en biodiversidad, minerales y recursos naturales, pero aún rezagados en productividad e infraestructura, esa transformación representa tanto una oportunidad histórica como una prueba de capacidad institucional.
El desafío para América Latina -y para Bolivia en particular- no pasa solo por aprovechar sus recursos estratégicos, sino por hacerlo con políticas que aseguren sostenibilidad ambiental, respeto a las comunidades que habitan los territorios rurales y una distribución equitativa de los beneficios. Solo así biodiversidad, litio, carbono y otros activos estratégicos podrán convertirse en verdaderos motores de crecimiento para un mundo rural diverso y cada vez más relevante en el desarrollo regional.

