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Siete maneras de reducir el desperdicio de alimentos y apoyar al planeta

SOSTENIBILIDAD.  Reducirlo no solo es una acción ambiental, sino una decisión cotidiana que puede transformar la forma en que se produce, consume y valora la comida.

La humanidad desperdicia más de 1.000 millones de toneladas de alimentos al año. Esto no solo representa un enorme despilfarro de los recursos necesarios para producir, procesar y transportar esos alimentos, sino que también significa que cada día los consumidores descartan 1,3 comidas por cada persona en el mundo impactada por el hambre. Es una tragedia humana de proporciones colosales. También es un factor importante del agravamiento del cambio climático: hasta un 10 % de todas las emisiones de gases de efecto invernadero proviene de alimentos que al final son desperdiciados.

El Día Cero Desechos, que se celebra cada 30 de marzo, este año está centrado en la reducción del desperdicio de alimentos. Facilitado conjuntamente por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU‑Hábitat), el Día Cero Desechos 2026 hace un llamado a las personas, los gobiernos y las organizaciones de todo el mundo a tomar medidas concretas para prevenir los desechos, promover soluciones circulares y fortalecer sistemas alimentarios con cero desperdicios.

Resolver este problema exige colaboración a lo largo y ancho de todo el sistema alimentario, conectando las políticas públicas con las prácticas de la agroindustria y el comercio minorista. Cada año se utiliza un área de territorio más grande que China para producir alimentos que se perderán en las cadenas de suministro. No obstante, hay mucho que puede hacer cada persona para ayudar a que la comida no termine en un basurero.

1. Compre con atención

Aproximadamente el 60 % de todo el desperdicio de alimentos proviene de hogares: allí, más de 1.000 millones de comidas son desperdiciadas cada día. A menudo, esto empieza con decisiones que se toman con la dopamina y no con el bolsillo: llaman la atención alimentos que nunca se llegarán a comer o se cae ante estrategias de mercadeo y promociones, que derivan en compras impulsivas. Es mejor planear el menú semanal antes de ir al mercado y respetar la lista: así es más probable que adquiera solo lo que sabe que va a usar. Y revise su refrigerador antes de salir para evitar comprar más de lo que necesita o duplicar lo que ya tiene.

2. Cocinar sabiamente

Cocinar “con los ojos” -más de lo que se puede comer- puede generar desperdicio, ya que muchas sobras terminan en la basura. A menos que esté preparando varias comidas por adelantado, mida sus porciones de arroz y otros alimentos básicos para asegurarse de preparar solo lo que comerán. Si quedan sobras, no las desperdicie, pueden servir para reemplazar una futura comida que hubiera comprado o incorpore sus ingredientes sobrantes en una nueva receta.

3. Almacene con ingenio

Conocer los requisitos de almacenamiento de diferentes tipos de alimentos es esencial para minimizar su deterioro y desperdicio. Guarde los alimentos secos en recipientes herméticos; las carnes frescas en el congelador o en el compartimento frío del refrigerador; y las cebollas y papas en un lugar fresco y oscuro. Mantenga las frutas y verduras frescas en el cajón para vegetales del refrigerador y cierre bien todos los empaques. En el caso de alimentos perecederos, siga la regla de “primero que entra, primero que sale” para evitar que se echen a perder.

4. El significado de las etiquetas de “mejor antes de”

Estudios muestran que muchas personas suponen que la comida debe desecharse después de la fecha de “mejor antes de” impresa en su paquete. En la Unión Europea, el 10 % del desperdicio anual de alimentos se debe a estas fechas, y en los Estados Unidos, el 84 % de las y los consumidores botan algunos alimentos simplemente por la fecha indicada en la etiqueta. Pero, a diferencia de la fecha de expiración, caducidad o “consumir antes de” -después de la cual los alimentos ya no son seguros para consumir-, “mejor antes de” solo indica la fecha a partir de la cual la entidad manufacturera ya no garantiza la calidad, el sabor o la textura óptima de su producto. Los alimentos suelen ser perfectamente seguros para comer después de esa fecha: solo revise su apariencia visual, huélalos y pruébelos antes.

5. Aprecie le imperfección

Casi la mitad de todas las frutas y verduras se desperdician. En parte, esto se debe a la promoción de y eventual preferencia por productos “perfectos” o “normales”: cerca de un tercio de la producción se rechaza entre el campo y el mercado tan solo por su apariencia. Una zanahoria torcida o una manzana con marcas sigue siendo totalmente apta para el consumo. Al elegirla, no solo ayuda a reducir su desperdicio, sino también a disminuir el uso de recursos en la producción de frutas y verduras -agua, semillas, suelo, mano de obra y combustible-. Comprar alimentos locales y de temporada,también ayuda a reducir las emisiones y recursos necesarios para transportar, almacenar y vender alimentos lejos de donde fueron cultivados.

6. Compartir es cuidar

A veces la realidad se impone, y simplemente no se puede comer todo lo que se compra o cocina. Pero tal vez puedan hacerlo los vecinos o amistades. Comparta su comida o use una aplicación para encontrar quién puede aprovechar esos ingredientes que sobran. Para alimentos no perecederos que aún no han alcanzado su fecha de venta, considere donarlos a un banco de alimentos local, donde pueden apoyar a las personas más vulnerables.

7. Compost

Ciertos restos y desperdicios son inevitables, como las cáscaras de huevo, las cáscaras de sandía y las pieles de cebolla. Pero cuando estos residuos terminan en vertederos, se descomponen sin oxígeno y generan metano, un potente gas de efecto invernadero. Compostar estos residuos devuelve nutrientes esenciales a la tierra, mejora la estructura del suelo y captura carbono. Y si tienes tu propio jardín, te ayudan a ganarte el agradecimiento y el afecto de tus plantas.

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