TECNOLOGÍA. La digitalización también genera espacios de riesgo. Hoy se ha convertido en un canal para el acoso o el abuso sexual. Solo una de cada 20 mujeres denuncia.
La digitalización forma parte de la vida cotidiana, pero para miles de mujeres en Bolivia estos espacios también se han convertido en escenarios de riesgo. La violencia de género facilitada por la tecnología, que traslada al entorno digital prácticas como el acoso, la suplantación de identidad, la difusión de imágenes sin consentimiento o el abuso sexual, está aumentando y afecta a un porcentaje significativo de la población femenina.
Una encuesta nacional realizada por ONU Mujeres y AGETIC en 2024, revela que una de cada tres mujeres ha sufrido abuso de datos personales; una de cada cuatro vivió algún tipo de abuso sexual vinculado al uso de tecnología, siendo el intento de captación la forma más frecuente; y una de cada ocho fue víctima de acoso digital, que incluye insultos reiterados y ciberacoso.
Una compleja realidad que toma fuerza en este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y que a nivel global pone el foco en la urgencia de frenar la violencia digital contra mujeres y niñas. En Bolivia, los 16 días de activismo -que conectan esta fecha con el Día de los Derechos Humanos el 10 de diciembre- estarán orientados a sensibilizar sobre estereotipos de género en los entornos digitales, promover acciones conjuntas de prevención y fortalecer los mecanismos de atención y denuncia.
Garantizar espacios digitales seguros forma parte de la construcción de sociedades sostenibles y equitativas. Esto requiere marcos normativos claros, servicios de protección accesibles, sistemas de denuncia confiables y una corresponsabilidad que involucre a instituciones públicas, plataformas tecnológicas, familias, escuelas, medios de comunicación y comunidades.
Consecuencias reales
Las plataformas donde las mujeres interactúan, expresan su opinión y construyen comunidades son también los entornos donde más se manifiesta esta violencia. Las redes sociales concentran el 62% de los casos relacionados con afectaciones a canales de expresión y el 48% de los episodios de acoso; mientras que las aplicaciones de mensajería como WhatsApp registran el 59% de los casos de abuso sexual digital y el 48% de los casos de acoso.

Las consecuencias son reales y afectan profundamente la vida de las mujeres. La violencia digital provoca ansiedad, depresión, aislamiento y miedo a participar en espacios públicos. Además, daña la reputación, limita las oportunidades laborales y reduce la presencia y la voz de las mujeres en los debates sociales.
Entre los impactos más reiterados del abuso sexual digital se encuentran la desconfianza, el miedo a salir a la calle, la disminución en el uso de redes sociales, la inseguridad y el enojo. Todos estos factores inciden en el bienestar general de las mujeres.
Los datos también muestran quiénes son los agresores. La mayoría son hombres y un porcentaje significativo corresponde a personas conocidas por las víctimas, como exparejas, conocidos o incluso amigos. En más de la mitad de los casos, las mujeres no logran identificar a sus agresores, lo que dificulta la denuncia y alimenta una alta percepción de impunidad.

Las denuncias son escasas
A pesar del nivel de afectación, el subregistro es crítico. Solo una de cada 12 víctimas busca apoyo profesional y apenas una de cada 20 presenta una denuncia formal. Entre las principales razones se encuentran el desconocimiento de los procesos y derechos, el temor a represalias y la desconfianza en las autoridades. Además, la falta de un reconocimiento explícito de esta forma de violencia en la normativa vigente obstaculiza la aplicación de sanciones y limita el acceso a la justicia.
Las mujeres y todas las personas deben tener la posibilidad de vivir, comunicarse y participar en entornos digitales libres de violencia. Una internet segura para todas es esencial para avanzar hacia un futuro más igualitario y resiliente.
