CONVICCIÓN. Este criterio también determina las decisiones de compra. Exigen políticas públicas para impulsarla. Hay dudas sobre el accionar de las empresas.
El 80% de los ciudadanos europeos hoy consideran prioritaria la sostenibilidad y ya es un elemento que influye en sus hábitos de consumo. Además, consideran que el desarrollo sostenible debe ser una prioridad en la agenda política. Así lo revela el nuevo estudio “Percepción de la ciudadanía europea sobre el desarrollo sostenible 2025”.
El análisis, elaborado a partir de más de 13.000 encuestas, fue realizado por las redes del Pacto Mundial de las Naciones Unidas en 15 países de la Unión Europea -Francia, Austria, Bulgaria, Croacia, Dinamarca, Finlandia, Alemania, Grecia, Irlanda, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, España y Suecia-, así como en el Reino Unido.
El resultado pone de manifiesto una percepción ampliamente positiva y homogénea del desarrollo sostenible. Este consenso atraviesa a todos los grupos de edad, aunque con matices: la población más joven (18-44 años) es la más proclive a situar la sostenibilidad como una prioridad absoluta, mientras que en los grupos de mayor edad el apoyo se mantiene mayoritario, aunque con mayor tendencia a considerarla importante, pero secundaria. Solo una pequeña minoría cree que los gobiernos y la Unión Europea deberían centrarse en otras cuestiones.
Sostenibilidad como prioridad política y económica
El estudio revela que la sostenibilidad se ha convertido en una exigencia transversal para los actores sociales. Un 75% de los encuestados considera que los gobiernos deben destinar más recursos a la implementación de la Agenda 2030. En el caso de España este porcentaje asciende al 78% en el caso de los gobiernos y al 77% en el caso de las empresas
“La ciudadanía tiene claro que la sostenibilidad no puede retroceder. Lo que estamos viendo es una demanda de coherencia, que la política y la economía respondan a lo que la gente ya percibe como urgente. Gobiernos y compañías no pueden quedarse atrás ni defraudar la confianza que la ciudadanía deposita en ellos”, expresó Cristina Sánchez, directora ejecutiva del Pacto Mundial de la ONU España.
Impacto en los hábitos de consumo
El 80% de los europeos declara tener en cuenta la sostenibilidad en sus decisiones de consumo, aunque solo un 27% lo hace siempre. En el lado contrario, apenas un 20% reconoce priorizar otros aspectos como el precio o la comodidad.
España se sitúa entre los países donde este criterio tiene más peso, junto a Bulgaria, el Reino Unido e Irlanda, lo que confirma que se trata de un factor cada vez más determinante en la vida cotidiana de los ciudadanos. De este modo, el estudio refleja una evolución de fondo: la sostenibilidad ya no aparece como un añadido, sino como un valor que compite de tú a tú con variables clásicas como el coste o la conveniencia. Aunque aún no condiciona todas las compras, su presencia en cuatro de cada cinco consumidores anticipa un cambio estructural en el mercado europeo.
¿La sociedad exige más normativas?
Superando el terreno de los hábitos individuales, la ciudadanía traslada la exigencia al terreno normativo para avanzar hacia una mayor sostenibilidad. Mientras en el sur de Europa la población apoya mayoritariamente el endurecimiento de las normas en sostenibilidad, en la noreste gana terreno el escepticismo.
Así, ciudadanos de Alemania, Austria y Países Bajos (24,2%, 19,6% y 19,1%) no apoyan más normativas que aseguren una acción con mayor impacto social y medioambiental, mientras que en España, Croacia, Bulgaria y Portugal (12,9%, 10,6%, 10,2%, 9,4% y 6,4%), se observa un mayor apoyo al establecimiento de estas normativas.

Luces y sombras
Aunque la mayoría de los europeos reconoce el papel relevante de las empresas en la sostenibilidad, la desconfianza sobre su compromiso real está en aumento.
El 47,2% de las personas encuestadas percibe que las compañías tienen un impacto positivo, especialmente en el ámbito de los derechos laborales, seguido por los derechos humanos (42,8%) y la protección del medioambiente (42,6%). En cambio, la confianza disminuye de forma notable cuando se trata de la lucha contra la corrupción, donde apenas un 35,4% valora positivamente la contribución empresarial.
A esta visión se suma la confianza mayoritaria en que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta útil para avanzar en sostenibilidad, aunque con diferencias importantes entre países. Finlandia (77%), Grecia (76%) o Croacia (73%) se muestran claramente optimistas, mientras que en Bulgaria solo un 58% comparte esta percepción.

Este optimismo se ve ensombrecido por la percepción del compromiso real de las compañías líderes: un tercio de las personas encuestadas (33%) duda de que estén verdaderamente implicadas y teme que predominen prácticas de greenwashing. En España este porcentaje aumenta, con 4 de cada 10 personas que no cree que los compromisos sostenibles de las empresas líderes sean sinceros.
Además, el estudio Percepción de la ciudadanía europea sobre el desarrollo sostenible 2025 también refleja un amplio consenso en torno a su valor estratégico: siete de cada diez europeos creen que la sostenibilidad es un motor de competitividad para las compañías.
