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Agua, bosques y justicia: los desafíos urgentes de las mujeres indígenas en defensa de sus territorios

PACTO. Setenta líderes de seis países se reúnen en Santa Cruz para delinear un pacto verde, donde también se incluirán la economía circular y la sostenibilidad.

Rosa Pachuri sueña con que las mujeres de su comunidad se conviertan en “monitoras” de su “casa grande” y contribuyan a cuidar su entorno frente a los avasallamientos, los incendios y la contaminación. Ella vive en San Josema, en el Municipio de San Rafael, donde hoy la falta de agua es el principal problema.

Rocío Quispe es fiscal en Cusco. Allí la violencia contra la mujer y las profundas desigualdades de género, son dos de los principales problemas. Su sueño es lograr la igualdad, porque “sabemos que las mujeres sí tenemos la capacidad para asumir cargos. Lo hemos demostrado en comunidades campesinas y nativas”.

Norma Don Juan Pérez, pertenece al pueblo Nahua de México, donde las mujeres indígenas enfrentan una doble violencia: la que afecta a sus vidas cotidianas y la que se expresa en el despojo ambiental de sus territorios. Por ello, su sueño es que “podamos seguir siendo quienes somos: mujeres con cultura ancestral, pero con un presente luminoso y un futuro del buen vivir”, en sus propios territorios.

Estos son los sueños de tres de las 70 lideresas de 19 territorios indígenas de 6 países que se reúnen desde este jueves en Santa Cruz, en el marco de laTercera Cumbre Internacional de Mujeres Indígenas Rurales”, que se desarrolla bajo el lema «Tejer acuerdos en red para defender la biodiversidad de los territorios», destacando la urgencia de articular acciones concretas frente a la crisis climática y la amenaza constante sobre los territorios indígenas.

El encuentro se prolongará hasta el 7 de septiembre y reúne a lideresas sociales y defensoras ambientales que están compartiendo sus experiencias y soluciones en torno a cinco ejes centrales: agua, bosques, emprendimientos, economía circular y justicia ambiental. Además, coincide con el Día Internacional de las Mujeres Indígenas que se celebra cada 5 de septiembre.

Amplificar las voces

Para Gelmy Castellón, directora de Proceso -una de las entidades organizadoras-, el encuentro es una oportunidad histórica para amplificar la voz de las mujeres indígenas. Desde su mirada, el desafío más grande es lograr que las experiencias locales en la defensa de los territorios se traduzcan en soluciones regionales y globales frente a la crisis climática.

“Estamos partiendo de estas experiencias locales al ámbito regional y global con soluciones globales. Vamos a terminar con un pacto verde que nos permita pasar de la propuesta a la acción”, explicó.

Su sueño es que las luchas de las mujeres, muchas veces solitarias, se reconozcan como parte de una agenda global. Castellón expresó que hay una deuda histórica con ellas y afirmó que “todos somos corresponsables de apoyar a estas guardianas del bosque y del agua”.

Destacó que las mujeres indígenas no solo defienden sus tierras, sino también conocimientos milenarios y formas de vida que han sido históricamente invisibilizadas. “Este evento no es simplemente una reunión de mujeres, es un acto de memoria viva y resistencia organizada, donde cada una trae consigo la dignidad y el conocimiento ancestral de su pueblo”, afirmó.

Lideresas de 19 territorios indígenas de seis países están participando en el encuentro. Ellas son parte de la delegación de Perú.

Rosa Pachuri también es presidenta de la Organización Regional de Mujeres Indígenas Chiquitanas (ORMICH) y busca que cada vez más mujeres, se sumen a la defensa del territorio.

Hoy “el mayor problema es el agua, fuertemente amenazada por incendios, avasallamientos y contaminación”, expresó.

“El problema principal es que otra vez se nos vaya a quemar nuestra casa grande. A raíz de eso vienen muchas enfermedades y la contaminación de nuestras pocas fuentes de agua”, afirmó al referirse a los incendios que afectan a varias zonas del departamento. En 2024, las mujeres también combatieron en primera fila el fuego.

Ellas son parte de diversas organizaciones de tierras bajas, donde la mayor preocupación es la protección del territorio y el acceso al agua.

Un pacto verde

Este encuentro marca la continuidad del proceso iniciado en marzo de 2022 en Cusco, Perú, donde se emitió la primera declaración conjunta de mujeres indígenas en defensa de la vida y la Madre Tierra. El objetivo en Santa Cruz, es avanzar en la construcción de un pacto verde, que incorpore los siguientes temas.

  • Gestión y adaptación de recursos hídricos, reconociendo el agua como fuente de vida y derecho humano.
  • Protección de bosques y ecosistemas terrestres, donde las mujeres son guardianas ancestrales.
  • Impulso a emprendimientos ecosostenibles e iniciativas verdes.
  • Promoción del reciclaje y la economía circular, bajo el principio de “basura cero”.
  • Participación, justicia y acceso a información ambiental, exigiendo representación activa y paritaria en la toma de decisiones.

Durante el acto de inauguración, Wilma Mendoza, presidenta de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia (CNAMIB), afirmó que deben «defender la naturaleza porque es el pulmón de la tierra y de las mujeres». Por su parte, Lidia Mayser, directora de Género del Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz, destacó que «no puede haber justicia ambiental sin justicia social».

La cumbre es impulsada por Proceso Servicios Educativos y Zabalketa, con el apoyo de la Agencia Vasca de Cooperación y Solidaridad. Esta alianza refleja el compromiso internacional por el fortalecimiento del liderazgo de las mujeres indígenas y rurales en el contexto del cambio climático.

El objetivo es formular un Pacto Verde al cierre del encuentro, de acuerdo a lo que plantearon las organizadoras.

Día Internacional de las Mujeres Indígenas

  • Ser mujer e indígena significa enfrentar barreras superpuestas de género, etnicidad y clase.
  • En la región habitan 55 millones de personas indígenas, pertenecientes a más de 800 pueblos, según datos de la Cepal.
  • Cerca de la mitad ya reside en áreas urbanas, donde las mujeres se insertan sobre todo en el comercio informal, el trabajo doméstico y el autoempleo, con acceso limitado a la protección social (OIT, 2019).
  • Casi 1 de cada 3 trabaja sin remuneración en negocios familiares y solo 29 % accede a un empleo asalariado.
  • Sus ingresos representan en promedio apenas 26 % de los de las mujeres no indígenas.

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