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«Yasoropai», la exposición que celebra y agradece la comunión del arte en Santa Rosa de Cuevo

Los niños son protagonistas centrales del trabajo que se realizará desde hoy en Santa Rosa de Cuevo.

FESTIVAL. En la comunidad guaraní se ha consolidado un festival donde la creación colectiva es el sello. Decenas de artistas llegaron a lo largo de diez años.

“Yasoropai” resume el sentimiento de diez años de arte y un sueño que nació en el Chaco cruceño hace 40 años. Una historia marcada por la fuerza del encuentro entre los pueblos, la creación compartida y la memoria que se construye cuando el arte nace del vínculo con una comunidad y que se reflejan en el Festival Internacional de las Artes de Santa Rosa de Cuevo.

“Yasoporopai”, gracias en guaraní, es el nombre de la exposición que se abre este viernes 14 de noviembre, en la Sala Chiquitano del Centro Cultural Plurinacional (CCP). En las diversas obras que se expondrán no solo se rememoran diez años del festival, sino que es una invitación a compartir y agradecer por lo que sucede cada dos años en la pequeña localidad ubicada a tres kilómetros de Cuevo, en el límite entre Santa Cruz y Chuquisaca.

La exposición hace honor a su nombre, es precisamente un agradecimiento: a la comunidad que abrió sus casas, a los artistas que regalaron tiempo y sensibilidad, a los niños y jóvenes que encontraron en la música, la pintura o la danza un camino para expresarse, y a todos quienes acompañaron este sueño desde sus inicios.

La exposición reúne diversas piezas elaborados en los festivales realizados desde 2016.

Historias, culturas y generaciones

El festival surgió de una convicción profunda: la cultura también sana, cuida y protege. Mimmo Roselli llegó a Bolivia en 1985, a trabajar en un proyecto de salud, y junto al padre Tarcisio Ciabatti recorrió las comunidades del Chaco.

Tenían una visión compartida, la certeza de que «la cultura es una herramienta de protección de las comunidades y sus tradiciones, y fortalece a las personas en su camino hacia la salud y, en general, hacia la vida».

Esa convicción marcó su conexión con Bolivia y mientras el proyecto de salud concluía, fortaleció su compromiso a partir del arte. Desde 2016, decenas de artistas de Bolivia y del mundo han llegado a Santa Rosa de Cuevo para vivir una experiencia que pocas veces ocurre en el país: trabajar hombro a hombro con las comunidades guaraníes, escuchar sus historias, compartir sus ritmos y construir, juntos, obras que hablan de identidades vivas.

La Residencia Artística se convirtió en el corazón del festival, un espacio donde se derriban fronteras. Durante dos semanas, artistas y comunarios crean con lo que tienen a mano: madera, barro, telas, sonidos. En esa convivencia nacen murales, piezas textiles, performances, poemas, conciertos y gestos que quedan grabados en la memoria colectiva.

Luego llegan los tres días en los que Santa Rosa de Cuevo se convierte en un escenario abierto, lleno de música, colores, proyecciones y abrazos. Un lugar donde la comunidad no es espectadora, sino protagonista.

Para Edson Hurtado, director del CCP, el festival es “un ejemplo luminoso de cómo el arte puede transformar, conectar y dar sentido a una comunidad entera”.

Una exposición que late

“Yasoropai” no busca imponer un orden. No hay nombres ni fechas. La curadora Andrea Hinojosa y el director artístico, Roselli, quisieron que el visitante camine la muestra tal como se camina Santa Rosa de Cuevo: con sorpresa, curiosidad y apertura.

En cada pieza hay una historia: la del niño que aprendió a tocar violín en la escuela del Chaco; la artista extranjera que descubrió en el tejido guaraní una forma de sanar; el comunario que participó por primera vez en una obra de teatro; el paisaje que inspiró a decenas de pintores; o el abrazo después de una presentación.

La exposición recoge esa energía. Es un espacio construido con afecto y memoria, un recorrido que invita a detenerse y sentir.

No hay una línea de tiempo ni nombres en «Yasoropai». Cada visitante podrá tejer su propia experiencia.

Una memoria que cuida el legado

Durante la inauguración se presentará también la memoria escrita del festival, un volumen que reúne testimonios, fotografías, relatos personales y reflexiones sobre lo que significó -y sigue significando- este proyecto para Santa Rosa de Cuevo y para los artistas que pasaron por el festival.

El libro está dividido en cuatro secciones y retrata con una honestidad íntima la historia cultural de la comunidad, el proceso creativo del festival, las vivencias de los participantes y la mirada crítica de especialistas. Es, como dice Roselli, “una forma de agradecer todo lo que este lugar nos ha enseñado”.

Mirar hacia adelante

Mientras Bolivia se prepara para celebrar su bicentenario, el festival también inicia un nuevo ciclo: en 2027, un equipo renovado de artistas -entre ellos creadores guaraníes- asumirá la dirección del proyecto, manteniendo vivo su espíritu comunitario.

Más allá de la exposición, “Yasoropai” es una invitación a recordar que el arte crece cuando se comparte. Y que, en cada encuentro, hay una posibilidad de sanar, construir y agradecer.

 

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