INFORME. La confrontación geoeconómica lidera las preocupaciones inmediatas. Aunque el ambiente pierde prioridad en el corto plazo, sigue siendo el mayor riesgo para la próxima década, advierte el Foro Económico Mundial.
El mundo mira a Davos, donde en estos días se realiza el Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) que reúne a jefes de Estado, líderes empresariales, organismos multilaterales y a la sociedad civil para promover acciones globales frente a los desafíos económicos, sociales y ambientales. La reunión anual está marcada por el informe de riesgos globales para 2026 y los próximos años.
Hoy la incertidumbre marca el rumbo del planeta, donde la confrontación geoeconómica supone el principal riesgo para este año, seguida de los conflictos interestatales, los fenómenos meteorológicos extremos, la polarización social, la información falsa y la desinformación.
Así lo advierte el Informe de Riesgos Globales 2026 del WEF, que describe un escenario internacional cada vez más volátil, donde los riesgos no solo se intensifican, sino que se entrelazan y se refuerzan mutuamente, dificultando la capacidad de respuesta de gobiernos, empresas y sociedades.
El informe muestra que esta incertidumbre está atravesada por riesgos diversos. A las tensiones geopolíticas se suman amenazas económicas, como una posible recesión y el aumento de la inflación; riesgos tecnológicos vinculados a la desinformación, la ciberinseguridad y los efectos adversos de la inteligencia artificial; y desafíos sociales como la desigualdad y la polarización política.
En este contexto, los riesgos ambientales pierden peso relativo en el corto plazo, desplazados por urgencias económicas y geopolíticas, aunque sin desaparecer del radar global.
El informe recoge las opiniones de más de 1.300 expertos de todo el mundo y evalúa los riesgos en tres horizontes temporales -2026, 2028 y 2036-. A corto plazo, los conflictos armados, la instrumentalización de las herramientas en materia económica y la fragmentación social entran en colisión. Mientras se intensifican esos riesgos inmediatos, los retos a largo plazo derivados de la aceleración tecnológica y el declive medioambiental también crean efectos colaterales.
Turbulencia e inestabilidad
La mitad de los encuestados anticipan un mundo turbulento o problemático para los próximos dos años. Son 14 puntos porcentuales más que el año anterior. Otro 40% prevé que el panorama a dos años sea, como mínimo, inestable, mientras que el 9% opina que será estable y un 1% considera que será apacible. En lo que respecta al panorama a 10 años, el 57% prevé un mundo turbulento o problemático, un 32% anticipa inestabilidad, un 10% estabilidad y el 1% considera que el panorama será apacible.
«Se está forjando un nuevo orden competitivo en el que las grandes potencias tratan de proteger sus intereses. Este entorno cambiante, donde la cooperación resulta muy distinta a la que había antes, refleja una realidad pragmática: los enfoques colaborativos y el espíritu de diálogo siguen siendo fundamentales», señaló Børge Brende, presidente y CEO del Foro Económico Mundial.
Así cambió el top 10 entre 2025 y 2026
El informe refleja un reordenamiento claro de prioridades respecto a la edición anterior. Mientras en 2025 los riesgos ambientales y sociales tenían mayor peso relativo en el corto plazo, en 2026 priman las amenazas geopolíticas y económicas, particularmente la recesión y la inflación, que suben ocho posiciones cada una en el ranking de riesgos a dos años. A esto se suma el riesgo de estallido de burbujas de activos, que escala siete posiciones en comparación con el año anterior.
En paralelo, los riesgos tecnológicos ganan relevancia. La desinformación y la ciberinseguridad se ubican entre los diez principales riesgos a corto plazo, mientras que los resultados adversos de la inteligencia artificial protagonizan el mayor salto intertemporal: pasan del puesto 30 en el horizonte de dos años al quinto lugar en la proyección a diez años
La polarización social y política continúa profundizándose, erosionando la confianza en las instituciones y tensionando los sistemas democráticos. La desigualdad vuelve a ser señalada, por segundo año consecutivo, como el riesgo más interconectado del sistema global, seguida de la recesión económica.

El retroceso ambiental en el corto plazo
Uno de los hallazgos más relevantes del informe 2026 es la pérdida de prioridad de los riesgos ambientales en el corto plazo. En el horizonte de dos años, la mayoría de estos riesgos desciende tanto en el ranking como en la percepción de gravedad. Los eventos climáticos extremos pasan del segundo al cuarto lugar, la contaminación cae del sexto al noveno, y la pérdida de biodiversidad y el colapso de ecosistemas se desplazan hacia la mitad inferior de la lista
El informe es explícito: no se trata solo de un cambio relativo frente a otros riesgos, sino de un alejamiento absoluto de las preocupaciones ambientales en el corto plazo, en un contexto donde dominan las urgencias geopolíticas, económicas y sociales.
A diez años, el ambiente retoma protagonismo
La perspectiva cambia radicalmente cuando el análisis se extiende a un horizonte de diez años: los riesgos ambientales se consolidan como los más graves. Los fenómenos meteorológicos extremos encabezan el ranking, seguidos por la pérdida de biodiversidad y los cambios críticos en los sistemas terrestres. La mitad de los diez principales riesgos proyectados para 2036 son de naturaleza ambiental.
Además, casi tres cuartas partes de las personas encuestadas describen el panorama ambiental de la próxima década como “turbulento o tormentoso”, el nivel de pesimismo más alto entre todas las categorías de riesgo analizadas.
El informe advierte que estos riesgos ya se están manifestando, especialmente a través del impacto del cambio climático y los eventos extremos sobre infraestructuras críticas, cadenas de suministro y sistemas energéticos, aumentando la vulnerabilidad de las sociedades a nivel global.
Un futuro abierto, pero cada vez más competitivo
El Informe de Riesgos Globales 2026 concluye que el mundo se encamina hacia un orden multipolar fragmentado, donde la cooperación internacional es más difícil, pero no imposible. El 68 % de los encuestados considera que, en diez años, el escenario dominante será uno de competencia entre potencias medias y grandes, con reglas regionales en disputa, y solo un 6 % espera una revitalización del orden internacional basado en normas.
En este contexto, subraya que el futuro no está predeterminado. La magnitud de los riesgos identificados pone de relieve no solo la fragilidad del sistema global, sino también la responsabilidad compartida de anticipar, gestionar y reducir amenazas que, de no abordarse a tiempo, podrían profundizar la inestabilidad económica, social y ambiental en los próximos años
