La tecnología puede ser una herramienta de acción social cuando es puesta al servicio de los demás. Desde las aulas de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), los universitarios impulsan proyectos que responden a problemas reales y demuestran que la innovación también puede tener un rostro humano.
Un grupo de estudiantes de la carrera de Ingeniería de Sistemas de esta institución, representaron a Bolivia en una exigente competencia internacional de programación, enfrentando retos de lógica y resolución de problemas. La experiencia les permitió medir sus capacidades técnicas y ampliar su mirada sobre los estándares globales del desarrollo tecnológico.
Para Agustín Sarsuri, uno de los participantes, el valor del proceso va más allá de cualquier resultado. “El hecho de haber quedado entre los mejores de mi país es bastante satisfactorio, porque en cada competencia aprendemos algo nuevo e innovador”, afirma.
Otro proyecto de impacto social es “Dí No Al Bullying”, una plataforma digital orientada a prevenir y atender casos de acoso escolar. La herramienta, que aún continúa en desarrollo, permitirá que estudiantes de primaria y secundaria denuncien situaciones de acoso de forma anónima o identificada, facilitando el acceso a apoyo especializado.
“El objetivo es crear un espacio seguro donde los niños y adolescentes puedan comunicar lo que están viviendo. También brindamos información para que los padres aprendan a identificar señales de alerta”, explica Eliezer Frey, creador de la plataforma.
Tecnología al servicio de todos
Desde otra perspectiva, la tecnología se integra a la vida cotidiana a través de la automatización de tareas simples. Un basurero automático, diseñado con sensores y programación, funciona sin contacto físico y busca mejorar hábitos de higiene y eficiencia.
“Hemos programado el sensor para que el basurero se abra cuando alguien se acerca y se cierre al alejarse. El proyecto plantea además la posibilidad de aplicar este sistema a viviendas e instituciones”, señala Ander Díaz, uno de los desarrolladores.
Estas iniciativas se relacionan con dos áreas clave de formación: Internet de las Cosas e Inteligencia Artificial. A través del IoT (red de objetos físicos cotidianos), los estudiantes conectan dispositivos y optimizan procesos, mientras que la inteligencia artificial (IA) les permite analizar datos y desarrollar soluciones más inteligentes.

Futuros ingenieros comprometidos con la sociedad
La IA también es abordada por los estudiantes y docentes desde una mirada crítica, especialmente en la creación de contenidos digitales. El análisis de herramientas capaces de generar videos hiperrealistas abre oportunidades, pero también riesgos asociados a la desinformación.
“Más allá de los proyectos, se evidencia una generación de jóvenes con liderazgo y ganas de aportar a su entorno. Su formación técnica se traduce en propuestas concretas que dialogan con las necesidades actuales de la sociedad”, destaca Marcelo Pacheco, director de la carrera de Ingeniería de Sistemas de Unifranz, sede Santa Cruz.
De esta manera, la tecnología deja de ser solo un ejercicio académico y se transforma en una herramienta de cambio. Los estudiantes asumen un rol activo frente a los desafíos sociales, demostrando que innovar también es comprometerse.
Fuente: Unifranz
