BIODIVERSIDAD. Herida y con un cuadro clínico complejo, la pequeña jaguar lucha por sobrevivir en Senda Verde. El refugio la atiende, pese a la grave crisis económica que enfrenta.
Portal Verde
Shiva llegó al refugio con 92 perdigones en el cuerpo, un edema pulmonar que aún compromete su respiración y una herida en una pata, la que todavía no logra apoyar. Esta jaguar apenas tiene unos meses de vida, pero su historia ya está marcada por la violencia y el tráfico de fauna silvestre. Rescatada el pasado 14 de marzo en Santa Cruz, su recuperación será larga e incierta.
“Por el momento tenemos una jaguar herida, con 92 perdigones dentro de su cuerpo, con riesgo de envenenamiento por metales pesados”, explica Vicky Ossio, directora de Senda Verde. La situación es delicada y, por ahora, la decisión es concentrar los esfuerzos en estabilizarla; retirar los perdigones implicaría un riesgo mayor, pues se requiere sedación. “Es un caso complicado” y cuando su estado lo permita, se evaluará el daño en su extremidad afectada.
Por ello, el nombre que le dieron en el refugio no es casual. Shiva alude a una deidad que “destruye lo malo para construir lo bueno”, explica Ossio. Es la esperanza de recuperación que persiste frente a su delicada situación.
La historia de muchos
El caso de Shiva no es aislado. Su historia, como la de muchos otros animalitos, refleja que el tráfico de fauna silvestre no se detiene. Fue rescatada de un domicilio particular por personal del Programa Integral de Fauna y bomberos voluntarios. Estaba desnutrida y con una herida en su pata delantera izquierda. Luego de estabilizarla, fue enviada a Senda Verde como sucedió antes con la tigrilla Estelita y otros felinos.
“La solución no es abrir más centros de custodia, sino combatir el tráfico”, con acciones focalizadas en las regiones de origen como el norte de La Paz, Santa Cruz, Beni y Cochabamba, además de fortalecer a la Policía Forestal y de Medio Ambiente, afirma Ossio.
Ella y su equipo de trabajo, saben que detrás de cada animal rescatado hay una cadena de violencia que suele comenzar con la cacería y rara vez termina bien. “La gente tiene que saber que un animal silvestre no va a llegar a su casa. Son víctimas de cacería; normalmente se mata a la madre para vender a las crías”, asegura. La mayoría no sobrevive, y los que lo logran y son rescatados, llegan con secuelas, las que, en la práctica, les impiden volver a la vida silvestre.
“Los animales silvestres que son víctimas del tráfico no pueden volver a su hábitat. Han estado en mercados, en contacto con gallinas, patos, pavos, chanchos y conejos, y el gran riesgo es que puedan llevar enfermedades de humanos y animales domésticos a la vida silvestre”, dice. Esto hace muy difícil la reinserción en su hábitat.
El refugio está al límite
Mientras tanto, refugios como Senda Verde se las ingenian para ayudar. Actualmente alberga a más de mil animales -entre aves, reptiles y mamíferos-, pero está al límite de sus capacidades. El principal problema es el económico, pues en los últimos meses el presupuesto en alimentación subió un 78%. La carne duplicó su precio y es esencial para alimentar a los más de 20 felinos que albergan, los que incluyen a cinco jaguares, dos pumas, seis ocelotes y seis gatos monteses, entre otros.
La situación se agrava con la caída de los ingresos. El refugio depende en gran medida de las visitas, pero la crisis económica ha reducido la afluencia. Durante los primeros meses no han recibido ni el 10% de las visitas de años anteriores.
“Esto significa menos recursos para sostener la alimentación, el tratamiento veterinario y el mantenimiento de los espacios”, advierte Ossio.
Esperan que retornen los visitantes
Sin embargo, no pierde la confianza en que esto puede, por lo menos, mitigarse. El refugio está ubicado a poco más de una hora y media de La Paz, en Coroico, en Los Yungas, y ofrece recorridos durante los cuales los visitantes pueden ver de cerca a animales rescatados y comprender las historias detrás de cada caso. El modelo es claro: acercar la conservación a la ciudadanía y convertir la visita en una forma de apoyo.
Pero hoy enfrentan un problema de espacio. “Ya no podemos recibir aves, técnicamente no hay dónde ponerlas. Si no podemos darles bienestar, no vale la pena (recibirlos)”, lamenta Ossio, reflejando el conflicto entre la urgencia y necesidad de rescatar y la capacidad real de cuidar.
Un ciclo que se repite
Como otros animales rescatados, Shiva fue derivada desde la Gobernación de Santa Cruz. Hoy lucha por recuperarse y en Senda Verde un equipo de veterinarios y cuidadores especializados en neonatos, está pendiente de su tratamiento.
Desde su rescate ha demostrado “muchas ganas de vivir” y todos confían en que finalmente la pequeña jaguar logrará recuperarse. Así le hará honor a su nombre y se convertirá en un soplo de esperanza en medio de una crisis que refleja que el tráfico de fauna sigue activo, que los sistemas de respuesta están al límite y que, sin cambios estructurales y mayor conciencia ciudadana, el ciclo seguirá repitiéndose.

Porque, como afirma Ossio, el problema no es solo de los animales, sino del equilibrio que sostiene a los ecosistemas y, en última instancia, a la propia vida humana. La pérdida de fauna -ya sea por tráfico, cacería o incendios- impacta directamente en funciones clave como la polinización, la dispersión de semillas o el control de otras especies, procesos esenciales para la seguridad alimentaria y la estabilidad ambiental.
“Todos cumplen un rol y sin ellos tampoco vamos a vivir nosotros”, sentencia.
