BIENAL. Su estudio, Sommet, ganó el Gran Premio Bienal Nacional en la Bienal Internacional de Arquitectura de Santa Cruz por segunda vez. Su proyecto está entre los 15 mejores del mundo.
Rildo Barba
«Este reconocimiento no lo entendemos como un hecho aislado, sino como la consecuencia natural de un proceso sostenido en el tiempo. Son 18 años de práctica donde el objetivo no ha sido producir objetos, sino construir una postura«. Sebastián Fernández de Córdova se refiere así al Gran Premio Bienal Nacional que recibió su estudio, Sommet, en la reciente Bienal Internacional de Arquitectura de Santa Cruz (BASC).
Han pasado dos años desde que el arquitecto cruceño recibió por primera vez este galardón. Y ahora está aquí, conversando sobre lo que le apasiona y lo llevó a realizar un doctorado en Barcelona y a trabajar en AH Asociados, una firma de arquitectura con sedes en España y Qatar.
«Esa experiencia me permitió entender que la arquitectura es, ante todo, una disciplina de conocimiento. Y que sólo desde ese conocimiento es posible construir una práctica con sentido y trascendencia», afirma.
¿Qué representa para usted el premio recibido en la Bienal?
El premio pone en evidencia la madurez del estudio: una arquitectura que ha dejado de responder a lo inmediato para situarse en un plano más profundo, donde el proyecto se convierte en una síntesis entre pensamiento, técnica y tiempo. En Sommet creemos que la arquitectura no puede reducirse a lo estético; es un acto cultural, una construcción intelectual que debe trascender su propia materialidad. Este reconocimiento valida precisamente eso: una arquitectura con propósito, con rigor y con una vocación universal.
¿Qué elementos considera que marcaron la diferencia frente a otras propuestas?
La diferencia no está en el resultado formal, sino en la manera en que el proyecto fue concebido. Quartier Italia es un edificio que no responde únicamente a parámetros normativos, sino que incorpora una lógica ambiental profunda a través de estrategias pasivas. La envolvente no es un gesto estético, sino un sistema que regula, filtra y construye confort. Es una arquitectura abstracta, donde la forma no es una imposición, sino una consecuencia. El edificio funciona como un organismo textil: una piel dinámica que permite que el usuario participe en su transformación. Más que un objeto, es una experiencia; un edificio que interpela, que obliga a detenerse y que genera distintas lecturas en el tiempo. Y, sobre todo, es un edificio que entiende la ciudad no como límite, sino como continuidad, diluyendo la frontera entre lo público y lo privado.
¿Cómo dialoga su obra con su contexto social, urbano o natural?
El proyecto entiende el contexto como un campo de relaciones. La planta baja, al abrirse hacia la ciudad, no sólo resuelve un acceso, sino que construye espacio público. Ahí es donde la arquitectura adquiere sentido: cuando deja de ser un objeto autónomo y pasa a ser parte activa de la estructura urbana; cuando aporta, cuando transforma, cuando genera nuevas formas de habitar.
¿Qué rol jugaron los materiales y la técnica en la construcción del proyecto?
La envolvente textil, compuesta por telas microperforadas, responde a una lógica precisa: filtrar hasta un 80% de la radiación solar, reduciendo la carga térmica y mejorando el confort interior. Los vidrios con control solar, los sistemas pasivos y la incorporación de energías renovables no son añadidos, sino parte estructural del proyecto. Incluso el hormigón es entendido desde su optimización y eficiencia.

¿Cómo es el proceso creativo dentro de Sommet?
Nuestro proceso creativo parte de una premisa clara: la arquitectura no se dibuja, se construye desde el pensamiento constructivo. Al ser un estudio que proyecta y construye, entendemos que cada decisión debe estar anclada en la realidad material del proyecto. No hay espacio para gestos arbitrarios. La estética no se busca, emerge. Es la consecuencia de un sistema bien resuelto.
¿Cuánto tiempo tomó el diseño de los planos y cuánto el construirlo?
El proyecto tuvo un proceso de diseño de aproximadamente ocho meses. Sin embargo, la etapa más extensa fue la de gestión y aprobación, que tomó más de un año; la construcción se ejecutó en un año y medio. Pero, más allá de los tiempos, lo relevante es entender que cada etapa forma parte del proyecto. La arquitectura no ocurre sólo en el diseño o en la obra, sino en todo el proceso.
¿Cómo puede la arquitectura aportar a mejorar la calidad de vida en nuestras ciudades?
La arquitectura tiene la capacidad y la responsabilidad de construir condiciones de vida. No se trata únicamente de resolver funciones, sino de generar bienestar, identidad y sentido de pertenencia. Cuando la arquitectura es pensada desde el rigor, desde el conocimiento acumulado y desde una comprensión profunda del habitar, puede transformar la manera en que las personas viven la ciudad. La calidad de vida no es un resultado espontáneo: es una construcción consciente.
¿Cuán importante para usted es participar en bienales de arquitectura?
Las bienales son espacios fundamentales, no por el reconocimiento, sino por el intercambio de pensamiento. Son plataformas donde la arquitectura se expone, se cuestiona y se contrasta con otras realidades. Nuestra participación, tanto a escala nacional como internacional, ha sido clave para posicionar no sólo al estudio, sino también a la arquitectura boliviana. Este mismo proyecto fue seleccionado entre los 16 mejores del mundo en el World Architecture Festival, lo que evidencia que es posible producir arquitectura desde Bolivia con un estándar global. Además, hemos sido invitados a exponer en la Bienal de Venecia 2027 y actualmente desarrollamos proyectos en distintos países. Esto confirma que la arquitectura, cuando es rigurosa, trasciende fronteras.
¿En qué proyectos están trabajando actualmente?
Actualmente el estudio desarrolla más de 25 proyectos en distintas escalas y tipologías: corporativos, financieros, residenciales, entre otros. Sin embargo, más que la cantidad, lo importante es que todos responden a una misma lógica: una arquitectura entendida como sistema, como pensamiento y como construcción.
¿Cómo define su arquitectura?
Nuestra arquitectura es conceptual. No parte de la forma, ni de la función entendida de manera aislada, sino de la integración de múltiples sistemas: constructivos, espaciales, ambientales y culturales. Es una arquitectura que busca trascender lo evidente, que se sostiene en ideas y que encuentra en la coherencia su verdadero valor.
¿Cómo ve la arquitectura boliviana?
La arquitectura boliviana tiene un gran potencial, pero aún enfrenta el desafío de universalizar su calidad. Es fundamental entender que responder al contexto no significa limitarse a él. En un mundo globalizado, la arquitectura debe ser capaz de dialogar con estándares internacionales sin perder su identidad. En ese sentido, Santa Cruz ha mostrado un desarrollo importante, no sólo en cantidad, sino en la apertura hacia nuevas formas de pensar la arquitectura.
El equipo de Sommet tras la premiación de la Bienal Internacional de Arquitectura.
Fotos: Jorge Gutiérrez
