INFORME. La Agencia Internacional de Energía subraya la creciente exposición de los sistemas energéticos a tensiones geopolíticas y climáticas.
En un escenario global marcado por tensiones geopolíticas, incertidumbre de precios y una creciente dependencia de tecnologías limpias, se avizora una “nueva era de inseguridad energética”, que ya no se limita al petróleo y al gas, sino que se extiende a los minerales críticos indispensables para la electromovilidad, las redes eléctricas, los sistemas de almacenamiento y la inteligencia artificial.
Esta es una de las conclusiones de la Agencia Internacional de Energía (AIE) en la edición 2025 de su informe Perspectivas de la Energía Mundial (World Energy Outlook), documento de referencia que analiza los principales desafíos y trayectorias de la transición energética.
“Dado que la seguridad energética es una prioridad para muchos gobiernos, sus respuestas deben considerar las sinergias y las contrapartidas que pueden surgir con otros objetivos políticos, como la asequibilidad, el acceso, la competitividad y el cambio climático”, señaló Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE.
El informe identifica a un grupo de economías emergentes -lideradas por India y el Sudeste Asiático, a las que se unen países de Oriente Medio, África y América Latina- comenzarán a influir cada vez más en la dinámica del mercado energético en los próximos años. En conjunto, toman el relevo de China, que desde 2010 representó la mitad del crecimiento de la demanda mundial de petróleo y gas y el 60 % en electricidad, aunque ninguno se acerca a replicar el rápido crecimiento de China en el sector energético.
Una era con problemas
La agencia destaca el avance de la “Era de la Electricidad”, pero advierte que los avances hacia los objetivos climáticos siguen siendo insuficientes: más de 700 millones de personas aún viven sin acceso a electricidad y 2.000 millones dependen de métodos de cocción perjudiciales para la salud; además, el mundo superará los 1,5 °C de calentamiento en todos los escenarios analizados, incluso los más ambiciosos.
El informe concluye que los sistemas energéticos deberán reforzar su resiliencia ante los impactos del cambio climático y los ciberataques, luego de que más de 200 millones de hogares fueran afectados en 2023 por interrupciones en la infraestructura energética, principalmente en redes eléctricas de transmisión y distribución.
“Era de la electricidad”
El informe destaca que la electricidad tiene un papel cada vez más importante en las economías, impulsada por la digitalización y el crecimiento del consumo eléctrico de centros de datos e inteligencia artificial. La AIE estima que la inversión global en centros de datos alcanzará los 580 mil millones de dólares en 2025, superando incluso el gasto mundial en suministro de petróleo.
La electricidad es fundamental para las economías modernas, y su demanda crece mucho más rápido que el consumo energético total en todos los escenarios del WEO-2025 . El gasto en suministro eléctrico y electrificación del consumo final ya representa la mitad de la inversión energética global actual.
Por el momento, la electricidad representa solo alrededor del 20 % del consumo energético final a nivel mundial, pero es la principal fuente de energía para sectores que representan más del 40 % de la economía global y la principal fuente de energía para la mayoría de los hogares.
Hidrocarburos y minerales
En cuanto al mercado de hidrocarburos, el informe proyecta una amplia oferta mundial de petróleo y gas a corto plazo, con precios del crudo en torno a los 60-65 dólares por barril, y un aumento del 50% en la capacidad global de exportación de gas natural licuado (GNL) hacia 2030, liderado por Estados Unidos y Qatar.
En lo que se refiere a mineras críticos, la AIE señala que un solo país concentra el refinado de 19 de los 20 minerales estratégicos relacionados con la energía, controlando cerca del 70% del mercado mundial.
El informe advierte que esta concentración, especialmente en el caso del níquel y el cobalto, incrementa la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales, y que revertir la tendencia tomará tiempo, lo que exige una acción coordinada de los gobiernos para diversificar las fuentes y fortalecer la cooperación internacional.
