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Murió Jane Goodall, la etóloga que cambió la relación con el mundo animal y que también dejó huella en Bolivia

PIONERA. Rompió los esquemas del mundo científico y cambió la forma de ver a los primates. Fue una activista en la defensa de los animales.

Jane Goodall, la renombrada primatóloga y conservacionista británica cuyo trabajo con chimpancés en Tanzania transformó nuestra comprensión de los animales y de nosotros mismos, murió este miércoles a los 91 años. Su deceso también golpeó en Bolivia, donde por más de 15 años fue madrina e inspiró el trabajo de la Comunidad Inti Wara Yasi (CIWY).

“Sus descubrimientos como etóloga revolucionaron la ciencia, y fue una defensora incansable de la protección y restauración de nuestro mundo natural”, afirmó el Instituto Jane Goodall en un comunicado emitido el miércoles.

Tenía 91 años y falleció por causas naturales mientras se encontraba en California en el marco de una gira de conferencias por Estados Unidos. Sus descubrimientos como etóloga “revolucionaron la ciencia, y fue una incansable defensora de la protección y restauración de nuestro mundo natural”, agregó la institución.

Ella desafió las normas científicas tradicionales al sumergirse en el mundo de los chimpancés que observó y tomar medidas como darles nombres en lugar de identificarlos por números. Cuando llegó al Parque Nacional Gombe Stream, en Tanzania, tenía apenas 26 años y ninguna formación científica. No obstante, logró ganarse la confianza de los primates, lo que dio lugar a importantes descubrimientos.

Entre sus hallazgos más famosos se encuentra que los chimpancés usan herramientas, cazan para obtener carne y participan en comportamientos sociales complejos que antes se consideraban exclusivos de los seres humanos.

Más de seis décadas después, su trabajo de campo y sus esfuerzos de conservación todavía son celebrados en todo el mundo. Tras conocerse la noticia, António Guterres, secretario general de la ONU, escribió en la plataforma X que Goodall «deja un legado extraordinario para la humanidad y nuestro planeta».

Jane cambió la forma de relacionarse con los chimpancés y desafió los cánones de la ciencia. Esta imagen quedó en la historia. Foto: National Geographic

Su conexión con Bolivia

El trabajo y el activismo de Godall también dejaron huella en Bolivia. Así lo reflejaron las redes sociales de la Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY), donde la organización expresaba la «profunda tristeza» de sus integrantes por la muerte de la científica y agregaron que «no fue sorpresa saber que estuvo trabajando hasta el final para compartir su mensaje», en referencia a que estaba en una gira.

«Fue un gran honor para CIWY contar con su apoyo como madrina por más de 15 años. Un recuerdo inolvidable es su visita en 2009 a nuestros santuarios. Pensamos que a sus 75 años tendría dificultades para recorrer el terreno selvático… muy pronto aprendimos que éramos nosotros quienes tendríamos que esforzarnos por seguirle el paso», señala el relato.

Uniéndose a las manifestaciones alrededor del mundo, ratificaron que «su vida y su trabajo fueron una verdadera inspiración, tanto para nuestro equipo como para la organización».

«En estos tiempos en los que es tan fácil perder la esperanza en la lucha por proteger nuestro mundo natural, su incansable labor y sus palabras inspiradoras nos dieron fuerza y seguirán haciéndolo», expresaron.

«Gracias, Jane. El planeta te extrañará profundamente», culmina el mensaje de CIWY donde continuarán honrando su legado a través del cuidado a decenas de animales silvestres que son rescatados.

Durante su estadía en Bolivia, compartió con los niños en el Santuario Ambue Arí. Allí también la acompañó Mr. H, el peluche que le regaló un veterano de guerra estadounidense.

Apasionada por la naturaleza

Cuando tenía 4 años, desesperada por saber cómo salen los huevos de las gallinas, se escondió dentro de un gallinero para esperar a verlo. Cuando finalmente regresó, su madre había llamado a la policía ya que llevaba horas desaparecida. «Tan pronto como pude escribir, escribí sobre los animales. Leí sobre ellos. De alguna manera, nació conmigo», le dijo a Tim Sebastian del programa HARD Talk de la BBC.

A los 10 años solía repetir que quería irse a África a vivir con animales salvajes. Muchas personas se burlaban de su sueño, pero no su madre, Margaret. «Me dijo: ‘Si realmente quieres hacer esto, tendrás que trabajar muy duro. Aprovecha cada oportunidad. Y si no te rindes, tal vez encuentres la manera», recordaba la etóloga. Y eso fue exactamente lo que su hija hizo.

Conocer al antropólogo Louis Leakey marcó su rumbo. Le ofreció la oportunidad de estudiar a los chimpancés. No fue fácil, pero su madre la apoyó nuevamente y viajó con ella.

Una mirada diferente

Goodall llegó a Tanzania el 14 de julio de 1960 siendo una joven estudiante de secretariado. Pero lejos de ser una desventaja, ella y distintos expertos creen que la falta de una educación científica formal le permitió observar con una mente abierta y desafiar los conceptos de la época.

Fue la primera en observar a los chimpancés fabricando y usando herramientas, lo que derribó la creencia de larga data de que la fabricación de herramientas era un rasgo exclusivamente humano. En concreto, los vio tomar ramas, sacarle las hojas y meterlas adentro de agujeros para «pescar» termitas.

Según contó la primatóloga en el documental Jane’s Journey (2010), cuando Leaky escuchó esta revelación, dijo: «Ahora debemos redefinir herramienta, redefinir ser humano o aceptar que los chimpancés son humanos».

También descubrió que son omnívoros, que se abrazan, besan y hacen cosquillas, pero también aprendió la lección de que pueden ser agresivos entre sí.

La naturaleza más cercana

No obstante, los méritos de Goodall no estuvieron solo en lo científico: ella también acercó la naturaleza al público en general. A mediados de la década de 1980, había pasado más de 20 años inmersa en la investigación de los chimpancés, había obtenido un doctorado, había criado a su hijo y había fundado el Instituto Jane Goodall.

Fue entonces cuando comenzó su transición de científica a activista. Escribió libros que se convertirían en éxito de ventas y participó en numerosas charlas alrededor del mundo hablando de sostenibilidad ambiental y bienestar animal.

Su fama llegó a ser tal que una entrega de premios en Estados Unidos en 2009 la presentaron diciendo: «Si la conservación tuviera estrellas como el rock, esta mujer sería Mick Jagger, Bob Dylan, John Lennon y Elvis, todos juntos en una sola persona».

En sus viajes siempre la acompañó un pequeño compañero: Mr. H, un mono de peluche que le regaló Gary Haun, un veterano marine estadounidense ciego. Juntos visitaron más de 60 países dejando una huella indeleble. Desde ahora, el mundo y, en especial, los animales, la echarán de menos.

Fuente: BBC / EFE / CIWY

Foto principal: CIWY

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