SOSTENIBILIDAD. El foro organizado por Fundares reunió a líderes empresariales, emprendedores y expertos de cinco países. Mostraron los avances en Colombia y Perú.
Karina Vargas Alba
Las empresas hoy tienen la necesidad de avanzar hacia modelos de economía circular para garantizar su competitividad. Prolongar la vida de diversos materiales en los procesos de producción, ya no pasa solo por lo ambiental, puede generar rentabilidad e impacto social. En Bolivia, son varias las que han iniciado el proceso de cambios en sus formas de producción, pero se requieren normas y la definición de una ruta compartida, donde cada sector avance de acuerdo a sus propias características y necesidades.
Por ejemplo, se requiere definir las taxonomías para las finanzas verdes, que ayuden a precisar qué actividades económicas se consideran ambientalmente sostenibles, facilitando su acceso al crédito. O la definición de los plazos para aplicar el Reglamento de la Responsabilidad Extendida del Productor, promulgado en 2024, y que será un punto de inflexión para las empresas.
Estas fueron algunas de las conclusiones del Foro Internacional de Economía Circular 2025, organizado por Fundares, la Fundación para el Reciclaje, Energía y Sostenibilidad de CAINCO, que reunió a empresarios, emprendedores, expertos y representantes institucionales de Bolivia, Colombia, Perú, Suecia y Argentina. El encuentro, que celebró su décima versión, se desarrolló en el marco del proyecto Santa Cruz Distrito Zero, parte del programa europeo AL INVEST Verde, y del programa Emprende Verde Bolivia.
Poner en valor
Desde el 24 de julio la humanidad vive “a crédito” porque ya consumió todos los recursos naturales que el planeta podía generar en un año; y el cambio climático avanza mientras 2024 marcó récord en emisiones de dióxido de carbono. Buena parte de esos gases se generan en los procesos industriales, empujados por el consumo. Además, “detrás de cada residuo, hay una marca”, afirmó Luis Felipe Ordoñez, director del Centro de Economía Circular, de Colombia.
El desafío es asumir esta realidad e incorporar soluciones en la estrategia empresarial, siempre conectada con el territorio, precisó. Por ejemplo, la basura ahora debe verse como un recurso y cada fase de vida de un producto, debe agregarle valor. Desde el consumidor, el reto es prolongar la vida útil de cada producto.
Países vecinos, como Colombia y Perú están avanzando hacia la circularidad y ofrecen lecciones aprendidas para aplicarlas a nivel local, adaptándolas a las particularidades bolivianas. Colombia avanza hacia la eliminación de los plásticos de un solo uso en 2030, que incluye productos desechables para los alimentos y bebidas, pero con excepciones.
Por su parte, Perú ha diseñado una hoja de ruta que hoy incluye a cinco sectores, en la que participan 33 organizaciones y que reúne a públicos y privados, además de establecer cuatro objetivos estratégicos y 12 indicadores. El proceso, que cuenta con el apoyo de la Unión Europea, surgió ante la necesidad de anticiparse a nuevas regulaciones a nivel nacional e internacional, especialmente en Europa, que tiene el desafío de reducir sus emisiones en un 55% hasta 2030 y «no pueden hacerlo solos, nos necesitan», afirmó Yusith Vega, jefe del Centro de Desarrollo Empresarial de la Cámara de Comercio de Lima.
Mantener el valor
El mayor desafío de la economía circular es generar modelos de producción, consumo y descarte que generen valor en cada una de sus fases, y que permitan a los países de la región, acelerar su transición hacia una economía regenerativa e inclusiva, dijo Ordóñez.
El reciclaje no es la única forma de prolongar la vida de los materiales, de hecho, es la última en la cadena. Dentro de las “R” que impulsa la economía circular, también hay que impulsar la reutilización, la reusabilidad y la retornabilidad. Esto implica generar condiciones para el reutilizar envases en las compras a granel, destinarlos a nuevos o permitir su retorno, como hoy se hace con algunas botellas PET o de vidrio.
Ordóñez expresó que la única forma de que esto funcione es con acciones concertadas entre diferentes sectores -incluyendo a la comunidad-, estableciendo cambios graduales e incorporando la circularidad desde el diseño, viendo los residuos como una posibilidad de regenerar la naturaleza.
Cambios progresivos
Luisa Fernanda Ribero, directora corporativa de Sostenibilidad del Grupo Plastilene, expresó que la experiencia de la empresa que opera en cinco países, demuestra que no se pueden establecer visiones en blanco y negro. Aunque la idea original en Colombia buscaba eliminar todo el plástico de un solo uso, por ahora están excluidos los plásticos que sirven para envasar los productos de la canasta familiar, entre ellos la carne.
No obstante, Plastilene asumió el desafío de la economía circular y decidió ir un paso adelante, desarrollando diferentes productos antes de que llegara la reglamentación, en 2024. Esto implicó analizar los ciclos de vida, “de la cuna a la tumba” y anticipar los problemas que podían surgir, como los limitados recursos para realizar un control efectivo y el mercado informal. La capacidad de establecer la trazabilidad y contar con mecanismos de certificación, es fundamental para alcanzar las metas.

Otra acción fundamental en una adecuada gestión de residuos, es la incorporación de los recolectores de base a cada uno de los procesos para garantizar la recuperación de materiales que pueden ser reutilizados o reciclados.
Experiencias locales
Durante el foro, se presentaron diferentes iniciativas locales, como Santa Cruz Distrito Zero, que busca posicionar a la capital cruceña como referente regional en innovación circular, además del impulso que desde Fundares e Innova Cainco están dando a los emprendedores con ideas de negocio de triple impacto, a través de programas como Emprende Verde.

BancoFie y Diakonía contaron cómo están avanzando en el financiamiento de negocios sostenibles, pero es un sector que requiere un marco normativo, mientras surgen proyectos que demandan financiamiento, como Granosol, que trabaja en la producción de biocombustibles y aspira a producir gasolina de aviación en 2035.
También se mostró la experiencia de empresas locales, como las cementeras Itacamba y Soboce, que están avanzando en alianzas con municipios para realizar el coprocesamiento de residuos en sus plantas, lo que permite convertir la basura en energía. O la experiencia de la Cervecería Boliviana Nacional a través de Aceleradora 100+, el programa de aceleración que ha permitido el despegue de empresas como Inmersiva, dedicada a la producción de papelería sostenible y que, junto con desarrollar productos innovadores, impulsa un modelo inclusivo con la participación de jubilados, comunidades indígenas y personas con discapacidades.
También estuvo Yanbal, la empresa internacional de productos de belleza, para contar cómo están trabajando en la reducción de su huella de carbono. Una de las acciones es la inclusión de una línea de bijoutería elaborada con materiales reciclados.
Los procesos de economía circular, también pueden derivar en un cambio de imagen, como las botellas PET que van dejando los colores para ser todas transparentes. O la decisión de Batebol de incluir una línea de baterías negras, porque así se puede usar plástico reciclado.

