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El futuro de la Amazonía es morado y, en Buen Retiro, lo construyen las mujeres del asaí

SOSTENIBILIDAD. Aagropama ha consolidado una red de 300 familias que cosechan y dan valor agregado al asaí. La conservación del bosque hoy es su prioridad.

Texto: Antonio Eid Peredo / Edición: Karina Vargas

En el corazón del bosque amazónico boliviano, donde los ríos Madre de Dios y Beni dibujan la vida de Riberalta, una comunidad llamada Buen Retiro decidió no seguir el camino de la extracción que agota el bosque. Allí, el asaí -fruto silvestre de tonos violetas intensos- dejó de ser un alimento tradicional para convertirse en una apuesta colectiva: conservar el bosque y abrir camino a la bioindustria.

Corren los primeros días de agosto de 2025. La planta de procesamiento está en silencio. Las máquinas descansan, limpias, a la espera de fruto para procesar. Afuera, en el bosque, las palmeras lucen cansadas: sus flores no cuajaron, otras se secaron y algunas colapsaron tras el fuego. Birginia Justiniano, de 28 años, recorre las salas con los equipos que ha aprendido a manejar.

“Este año no hay fruto en Buen Retiro. Los incendios nos destruyeron todo”, dice la productora de asaí y una de las fundadoras de la procesadora.

En 2024, el fuego arrasó 2.905.900 hectáreas en el Beni -29 % del total nacional-, según los datos deFundación Tierra. Solo en Riberalta, fueron 104.345 hectáreas, afectando a 73 comunidades. El fuego y el humo le pasaron factura a la producción de asaí en Buen Retiro, se redujo en un 90%.

El bosque resiste y la cosecha de asaí continúa. Sin embargo, los incendios de 2024 diezmaron la producción en un 90%. El impacto del fuego aún es evidente. Fotos; FAO

De recolectoras a bioindustriales

En 2018, Birginia machacaba asaí con sus manos en un tacú y vendía apenas 50 botellas de jugo artesanal en Riberalta. Entonces, cortar la palmera para extraer palmito era algo común. Hoy se la protege y se extraen sus frutos para valorizarlos sin derribar la planta

“Yo decía: vamos a ver qué pasa. Ahora veo que esto sí funciona, que sí podemos”, dice con convicción.

Hoy, su comunidad tiene una planta capaz de procesar 3.000 kilos diarios de frutos. Un salto que cambió vidas, pero que demandó mucho esfuerzo. En 2018, ocho mujeres y seis hombres fundaron la Asociación Agropecuaria de Productores de Majo y Asaí de Buen Retiro (Aagropama BR), luego de que otra asociación dejara de comprarles. Empezaron transformando el asaí en jugo artesanal para Riberalta.

El gran salto fue la planta bioindustrial de 288 metros cuadrados, que construyeron con 500 mil bolivianos, reunidos entre fondos propios, cooperación internacional y aportes estatales. Hoy, bajo normas SENASAG, se recibe, lava, cuece, enfría, despulpa, envasa, sella y congela.

“De poco, hicimos mucho. De botellas a toneladas, de tacú a máquina”, resume Sandra Justiniano, ex presidenta de la asociación.

Su vida cambió, liberaron tiempo para vivir: “Ya no molemos todo el día. Podemos estar con nuestros hijos”, dice Atseria Divibay.

Hoy en Buen Retiro saben que la bioindustrialización es mucho más que una fábrica gigante. Es transformar aquí, agregar valor y abrir mercados sin talar el bosque.

La palmera como ícono

Alta, de hojas plumosas y racimos violetas, esta palmera da un fruto lleno de antioxidantes, grasas saludables y vitaminas. El asaí ha sido clasificado como superalimento, destacado por contener antocianinas hasta 15-30 veces mayores que en el vino tinto, y ácidos grasos beneficiosos. Estos datos están respaldados por estudios científicos recientes que comprueban su alto poder antioxidante y su efecto saludable sobre el metabolismo.

Pero el asaí no es solo alimento ni economía. Como todas las palmeras amazónicas, cumple funciones vitales para el bosque: evapotranspira como los árboles, liberando humedad que regresa en forma de lluvia, y sus raíces profundas bombean agua subterránea hacia la superficie, ayudando incluso a recuperar arroyos secos. De su copa y de sus frutos se beneficia una cadena de vida: loros, tucanes, pavas y murciélagos, pero también jochis, antas, taitetús y hasta peces en zonas inundables.

Su semilla, que representa cerca del 80% del fruto, tiene alto potencial para la producción de carbón vegetal o biocarbón, útil como regenerador de suelos, además de ser fuente de celulosa para usos industriales. Sus raíces, en la medicina tradicional, se emplean como infusión para aliviar fiebres y como tónico energético. Y sus hojas y troncos, al caer, aportan materia orgánica y refugio, regenerando los suelos y sosteniendo la biodiversidad.

“Antes era una palmera cualquiera. Hoy la cuidamos, limpiamos la maleza para que crezca”, indica Sandra.

Por ahora, un gran potencial

Aagropama BR articula una red con más de 300 familias proveedoras, en comunidades indígenas chacovo, cavineña y tacana, provenientes de Beni y Pando. Es un movimiento que resalta el potencial amazónico.

De acuerdo con una investigación realizada en 2019 por el biólogo Vincent Vos, se estima que en Riberalta hay más de 22 millones de palmeras de asaí, capaces de producir 85 millones de kilos anuales de fruto, equivalentes a 207 millones de bolivianos. Una riqueza que, bien gestionada, podría poner al asaí como el complemento de la castaña.

Ese potencial se plasma en precios: 5 bolivianos por kilo fresco y  23 bolivianos por kilo de pulpa procesada. Ese margen de ganancia, en el caso de Buen Retiro, financia asistencia técnica, víveres y salud comunitaria. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), y Aagropama BR apoyan con guardería para 28 niños y atención médica periódica. En dos meses atendieron 70  consultas respiratorias, cutáneas y pediátricas.

“Antes íbamos al monte con los niños. Ahora puedo trabajar tranquila”, dice Birginia. Ella compró una casa y un auto, que maneja largas horas para trasladar los racimos desde zonas alejadas.

‘’El asaí es muy buen alimento, los niños crecen más fuertes si lo toman’’, afirma la productora.

Una zona de contrastes

El contraste entre un bosque vivo y otro arrasado se hace evidente en la provincia Vaca Diez, donde se encuentra la asociación. Buen Retiro conserva 18.000 hectáreas de bosque en pie, mientras que, en esa misma provincia, se perdieron casi 96.800 hectáreas de bosque natural solo en 2024, según datos de Yanine Domínguez, de la Fundación Amigos de la Naturaleza.

Frente a esta pérdida, las comunidades de Riberalta apuestan por planes de manejo que combinan conservación con producción, principalmente de castaña (Bertholletia excelsa), asaí (Euterpe prepcatoria Mart) y majo  (Oenocarpus bataua).

Además, la asociación ha ampliado su cobertura. Desde 2022, Aagropama implementa un plan de manejo de 3.000 hectáreas de bosque primario, con certificación orgánica y Sistema Participativo de Garantías (SPG). En 2023 se sumó un plan similar en Villa Victoria, en Pando, con 3.000 hectáreas, diseñado de modo participativo. El objetivo para este año es ampliar otras 3.000 hectáreas en las comunidades pandinas de Nazareth y Flor de Octubre.

“Manejar el bosque permite producir asaí con valor agregado y conservarlo”, explica Álvaro Suárez, coordinador de proyectos de la FAO.

El jugo es uno de los principales productos de Buen Retiro. Fotos: FAO

Asaí en la política nacional

El asaí ya llegó al debate legislativo. En mayo de 2025, el Senado recibió un proyecto de ley, propuesto por el senador Fernando Vaca Suárez, para proteger la cadena productiva de castaña y frutos amazónicos, identificando al asaí como el segundo producto estratégico por detrás de la castaña, con un mercado global estimado en 1.500 millones de dólares y un crecimiento proyectado de 800 millones en los próximos años

En 2024 las exportaciones de asaí bordearon los 10 millones de dólares, muy lejos de las enormes cifras alcanzadas por Ecuador, Brasil e incluso Perú.

El proyecto de ley alerta sobre la necesidad de frenar el contrabando, impulsado por precios más atractivos en Brasil, donde una lata puede llegar a más de 125 bolivianos, mientras en Bolivia se comercializa a 50. Esto afecta la producción interna y deja sin fruta a las plantas de procesamiento locales. Pese a esto, el tema aún no es prioridad política, advierten líderes benianos que impulsan la agenda.

Incendios y sequía, las grandes amenazas

Los incendios no son hechos aislados. Cada año, entre julio y octubre, se queman bosques para agricultura y ganado, explica Daniel Wada, técnico de la Unidad de gestión de riesgos del Gobierno Autónomo Municipal (GAM) de Riberalta. En 2024, Beni fue una de las zonas más afectadas. El fuego se suma al polvo y al calor que inhiben la floración y estropean los racimos de asaí. “El humo lo arruina todo”, coinciden los recolectores.

El daño va más allá: los incendios erosionan suelos, desaparece fauna dispersora de semillas y retrasa años la regeneración. Hay preocupación en Agropama: en 2025 vendieron 45 toneladas de pulpa, lejos de las 80 toneladas de 2024. Las empresas -como Natur, Delifrut, Biofood y estatal Empresa Boliviana de Alimentos (EBA)- tienen demanda, pero sin fruto no hay oferta. Si el fuego se repite, la zafra podría caer a la mitad.

“Sin bosque no hay asaí, y sin asaí perdemos nuestra fuente de ingreso”, advierten los recolectores.

Las productoras advierten que, si el fuego vuelve a repetirse, la zafra podría reducirse a la mitad. Recuerdan que sin bosque no hay asaí y, sin este fruto, ellas perderían su principal fuente de ingresos.

Otro de los problemas que enfrentan los productores de asaí son las sequías en la Amazonía, cada vez más intensas y prolongadas. Estudios climáticos en Riberalta muestran que el período seco se alargó de cuatro a cinco meses, de junio–septiembre a mayo–septiembre, con hasta 50% menos lluvias en julio y agosto. Esa falta de agua acumulada explica por qué, en 2024, la Unidad de Gestión de Riesgos del GAM Riberalta reportó que 71 comunidades resultaron afectadas por la sequía.

La sequía no solo redujo la disponibilidad del fruto, sino que también impactó en la salud de las palmeras y en la seguridad alimentaria de las familias recolectoras, que dependen del bosque para sostener su economía.

Un futuro morado

A pesar de todo, la comunidad no baja los brazos. Cada racimo recolectado y cada kilo procesado es una defensa del bosque. Pasan los días de agosto y la planta vuelve a funcionar.

“El bosque nos da todo: agua, aire y comida. Si lo cuidamos, nos dará futuro”, dice Birginia mientras desgrana frutos.

El asaí es el símbolo de esa transición: pierde la extracción y gana la bioindustria regenerativa. El reto es escalar la experiencia de Buen Retiro a política pública y modelo de desarrollo sostenible a escala nacional. Si el futuro amazónico puede escribirse en clave de sostenibilidad, la tinta será morada, del color del asaí.

La producción de asaí es un trabajo comunitario, que implica a familias completas. Los hombres cosechan el fruto y las mujeres le dan valor agregado en la planta. Fotos: FAO

Hoy la planta se alista para funcionar de nuevo. A falta de frutos en la zona, procesarán los frutos que recolectan en Pando. Las máquinas volverán a operar, las socias embalarán las botellas y las enviarán a los mercados. Ellas mantienen la esperanza: saben que el bosque, aunque herido, respira. En este rincón de Riberalta, tienen claro su objetivo: demostrar que se puede producir sin destruir la Amazonía.

Foto principal: Birginia Justiniano despicando el asaí. Su vida cambió desde que su comunidad apostó por la producción de este fruto. Foto: FAO

*Esta investigación fue realizada en el marco del Fondo de apoyo periodístico “Crisis climática 2025” que impulsan la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático (PBFCC) y la Fundación para el Periodismo (FPP)

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