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El ecodiseño y el diseño regenerativo: construir desde el origen el futuro que queremos

ENTREVISTA. Una experta explica cómo transformar la manera en que producimos, consumimos y comunicamos. En su paso por Bolivia, compartió experiencias con emprendedores de distintos sectores.

El ecodiseño dejó de ser una tendencia para convertirse en una necesidad dentro de los procesos de economía circular. Sin embargo, su verdadero potencial se alcanza cuando se vincula con una visión regenerativa: aquella que reconoce el valor del territorio, la cultura y los saberes locales. Desde esta perspectiva, diseñar es anticipar el tipo de futuro que queremos habitar.

Patricia Pérez es experta en ecodiseño, sostenibilidad, circularidad y diseño regenerativo; y dictó un taller en la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco) con emprendedores de diversos rubros, que mostraron un enorme potencial para avanzar en nuevos modelos de producción.

Allí mostró su experiencia en Now, un estudio gráfico de Santander especializado en el sector cultural. Junto a los emprendedores locales, inició el camino hacia el trabajo regenerativo, que muestra como proyectos y productos similares se desarrollan de manera diferente de acuerdo a su contexto. El ecodiseño es más técnico, vinculado al producto y los materiales.

En su experiencia, ¿cuál es el camino que están transitando las empresas hacia el ecodiseño y la economía circular?

Cada vez es más relevante y necesario. Sin embargo, todavía falta una vinculación más clara entre diseñadores y empresas. Los diseñadores jugamos un papel clave en decidir cómo se conciben los productos, porque el 80% de su impacto ambiental se define en la etapa de diseño, y eso muestra la enorme responsabilidad y oportunidad que tenemos para generar cambios.

En Now desarrollamos proyectos de imagen de marca, diseño gráfico y espacios, siempre aplicando criterios de sostenibilidad. Por ejemplo, trabajamos en la reducción de la huella de carbono digital a través del uso de servidores alimentados con energías renovables o el diseño de estrategias de comunicación más eficientes.

¿Cómo se puede reducir la huella ambiental en el diseño o el manejo de datos?

Cada sector tiene sus particularidades, pero en general es posible aplicar principios de sostenibilidad a cualquier proyecto. Por ejemplo, se puede hacer un análisis de ciclo de vida para identificar consumos de materiales, energía o transporte, y reducirlos. En el plano digital, una acción sencilla es contratar un “green hosting”, es decir, un servicio de alojamiento que funcione con energías renovables. Tiene prácticamente el mismo costo que uno convencional y permite obtener una certificación que acredita ese compromiso.

¿Cómo ha sido su experiencia en Bolivia al conocer a emprendedores interesados en dar este paso hacia el ecodiseño?

Ha sido muy enriquecedora. Hay proyectos maravillosos y personas con ideas muy avanzadas. Sin embargo, aún falta fortalecer la comunicación: muchos emprendedores hacen las cosas muy bien, pero no lo cuentan, y la sociedad necesita conocer esas experiencias. También percibo cierta resignación frente a la idea de que “las cosas son así y no pueden cambiar”. Creo que debemos romper esa narrativa. Si queremos un planeta habitable y con biodiversidad, debemos demostrar que los proyectos pueden hacerse de otra manera. He visto propuestas muy diversas, desde productos de belleza hasta mobiliario y materiales innovadores.

¿Qué elementos deberían incorporar estos proyectos para avanzar?

Lo más importante es cerrar los ciclos de materiales. Es decir, pensar en cómo obtener materias primas locales y qué ocurre al final de la vida útil de un producto. Pasar de una economía lineal a una circular implica asumir la responsabilidad sobre los residuos. Existen muchas alternativas: reparación, actualización o rediseño para alargar la vida de los productos. Todo comienza en la fase de diseño, donde se pueden prever esos ciclos y flujos.

¿Cuál es el camino que debería seguir un emprendimiento para aplicar el ecodiseño con éxito?

Lo esencial es tener claro el propósito: por qué hacemos lo que hacemos. Si el propósito es sólido, se mantendrá a lo largo del tiempo. El negocio debe tener una razón más allá del beneficio económico, debe generar un impacto positivo. Ganar dinero es necesario, pero también se puede contribuir al bienestar ambiental y social.

Uno de los desafíos suele ser el costo inicial, ¿cómo puede superarse esa barrera?

Es cierto que muchas veces la inversión inicial es mayor, pero a mediano y largo plazo el resultado es más rentable.

También es clave identificar correctamente el mercado y diseñar productos atractivos para ese público. Los consumidores eligen con los ojos, por lo que un producto sostenible también debe ser estéticamente atractivo y competitivo.

En Bolivia el precio suele imponerse sobre otros criterios, ¿cómo cambiar esa mirada?

Hace falta un gran trabajo de concienciación. Cuando las personas conocen el esfuerzo, el tiempo y el compromiso detrás de un producto sostenible, están más dispuestas a pagar un poco más. Por eso es tan importante comunicar lo que se está haciendo, contar las problemáticas y abrir el diálogo sobre sostenibilidad.

¿Qué proyectos locales te han llamado más la atención?

El de cosmética natural me ha impresionado mucho. Los productos son excelentes, de gran calidad y con un aroma increíble. También hay iniciativas innovadoras, como la producción de baldosas que generan energía al caminar o el reciclaje de plásticos con máquinas de código abierto. Son ideas muy viables y con gran potencial de crecimiento.

¿Cuáles son las principales barreras?

La económica es la más grande. Emprender sin apoyo es muy difícil. Además, muchos necesitan fortalecer su modelo de negocio para sostenerse en el tiempo. Ser emprendedor implica gestionar múltiples tareas -diseño, comunicación, marketing, finanzas- y eso puede ser abrumador. Sin acompañamiento, muchos proyectos se quedan en el camino.

Lo positivo es que he visto una red de apoyo entre los mismos emprendedores: colaboran, se ayudan y se fortalecen mutuamente, y eso es muy valioso.

¿Y cómo es este proceso en una empresa grande?

Lo primero es la comunicación interna. Todo el equipo debe compartir la visión, porque de lo contrario surgen resistencias. El ecodiseño también es una ventaja competitiva: posiciona a la marca, abre nuevos mercados y la diferencia del resto. Pero es clave comunicarlo bien, tanto hacia dentro como hacia fuera. He visto empresas que implementan cambios positivos, pero encuentran barreras internas porque algunos empleados no comprenden el motivo del cambio. La concienciación es fundamental.

Las empresas deben definir dónde quieren estar en los próximos años. Todo apunta hacia la sostenibilidad, lo queramos o no. Los recursos fósiles son finitos, y necesitamos alternativas. Esta transición no es una opción, es una realidad hacia la que debemos adaptarnos.

El ecodiseño implica muchos factores, ¿cuáles son los más importantes?

El ecodiseño es complejo porque obliga a pensar diferente. Implica restricciones: no todo se puede hacer como antes, y eso exige creatividad e innovación. A veces no existen los proveedores adecuados o los materiales disponibles, pero esa búsqueda impulsa la ecoinnovación. Cuando se encuentra una solución distinta, se abre un nuevo mundo de posibilidades. Los materiales y la materia prima son los mayores retos, así como crear circuitos cerrados donde los productos o componentes puedan volver al fabricante. Para ello, el cliente también debe estar consciente y comprometido. En definitiva, los dos factores clave son el producto y los materiales, allí comienza el verdadero cambio.

«Si diseñamos pensando en el impacto, en los materiales y en el territorio, cada producto puede convertirse en un reflejo de que es posible hacer las cosas de otra manera y construir un futuro sostenible».

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