CONSERVACIÓN. Los incendios se han hecho recurrentes y tienen graves consecuencias. Hay esfuerzos para prevenirlos, pero no son suficientes.
Bolivia es uno de los países con mayor biodiversidad y eso se refleja en sus más de 120 áreas protegidas a nivel nacional, departamental y municipal. En conjunto, abarcan aproximadamente un 20% del territorio nacional y albergan especies emblemáticas, como el bufeo, el jaguar, el jucumari o la paraba azul, que son parte de esa gran riqueza natural.
Hoy es el Día Nacional de las Áreas Protegidas, pero con incendios activos en tres áreas emblemáticas del país y de Santa Cruz, la fecha no es de celebración. Hay preocupación y la necesidad de generar conciencia sobre lo que está sucediendo en ellas.
“Las áreas protegidas son la herramienta más efectiva para conservar nuestra biodiversidad y una fuente vital de vida para las comunidades. Sin embargo, hoy enfrentan diversas amenazas, entre ellas los incendios forestales, que están afectando a varias de ellas, destruyendo la naturaleza y especies únicas e irremplazables”, advierte Jordi Surkin, Director Senior de Conservación en WWF-Bolivia.
“Hace siete años éste era un día festivo, con actividades en las universidades y en los colegios. Desde 2019, está marcado por los incendios y nos concentramos en ver dónde hay fuego o cuánto se ha quemado”, afirma Adita Montaño, presidenta del Colegio de Biólogos.
“Duele pensar que estamos normalizando los incendios”, lamenta Montaño.
“Cada hectárea perdida significa menos agua, menos aire limpio y un futuro en riesgo. Es urgente que las autoridades refuercen las acciones de prevención y control, y que como sociedad nos unamos para detener los incendios y proteger el patrimonio natural que nos sostiene a todos”, precisa Surkin.
Hoy el fuego avanza en el Parque Noel Kempff Mercado, en el Área de Conservación e Importancia Ecológica Ñembi Guasu y en el Área Natural de Manejo Integrado San Matías. En las últimas semanas el fuego también afectó al Parque Nacional Tunari y la reserva biológica de la Cordillera de Sama. Los informes oficiales señalan que solo en Santa Cruz, ya se han afectado más de 90.000 hectáreas.

Desarrollo y conservación
“Hay una desconexión de la gente con la importancia y la necesidad que tenemos todos de estas áreas protegidas, que son reguladoras de clima y de gran importancia hidrológica. Es necesario tomar conciencia del valor que tienen para la vida y el bienestar de cada uno de nosotros”, afirma Daniela Justiniano, cofundadora de Alas Chiquitanas.
Esto, a su juicio, demanda poner en valor, por ejemplo, la importancia de Ñembi Guasu como conector entre el Kaa Iya y Otuquis dentro del gran paisaje Chaco-Pantanal, y como hábitat del jaguar y otras especies endémicas. O la importancia del ANMI San Matías para conservación de la paraba azul, una especie en riesgo de extinción.
“Hay que trabajar mucho para convencer de que el desarrollo se puede compatibilizar con la conservación. La construcción de un puente o un camino siempre se debe hacer considerando su impacto ambiental”, precisa Montaño.
La conservación exige la participación de todos, su impacto es productivo, en el medio ambiente, en la población y las áreas protegidas son parte de este proceso. “Hoy vemos con dolor cómo se está perdiendo biodiversidad, especies que son propias de estas zonas de gran riqueza natural; y los pueblos indígenas también están en riesgo”.
Estas áreas brindan numerosos servicios ambientales y son fundamentales para la provisión de agua, alimentos y productos del bosque, constituyendo parte esencial de la vida en las comunidades indígenas.

Avances y tropiezos
Hoy, decenas de guardaparques, bomberos, técnicos y militares combaten el fuego en el Área de Conservación e Importancia Ecológica Ñembi Guasu. El fuego se inició la tarde del domingo y ya afectó más de mil hectáreas. El 2024 logró mantenerse a salvo y fue parte de los 12,6 millones de hectáreas que sufrieron el paso de los incendios forestales.
Tras ser una de las zonas más afectadas en 2019, diversas organizaciones, autoridades y comunidades se unieron para consolidar un bloque de conservación junto a los parques nacionales Kaa Iya y Otuquis, abarcando más de 6 millones de hectáreas. Allí se desarrollaron acciones estratégicas producto de los procesos de capacitación y desarrollo de herramientas para la gestión del riesgo, resultando en respuestas rápidas y efectivas ante las constantes amenazas de fuegos.

Esto demandó planificación, preparación y prevención. “Duele ver que, por una persona a la que no le dio la gana de entender que las quemas están prohibida, hoy estemos luchando contra el fuego, el viento e, incluso, la falta de combustible”, lamenta Montaño.
Los problemas se multiplican en la emergencia. Por ejemplo, el alquiler de una máquina adecuada para abrir sendas o cortar el avance del fuego, puede costar entre 600 y mil bolivianos la hora.
Su importancia
De acuerdo a la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), aproximadamente el 46% de los sitios Ramsar del país se superponen con áreas protegidas nacionales o subnacionales. Estos humedales son ecosistemas vitales que sostienen la biodiversidad y regulan la provisión de agua.
Además, albergan más de 1700 especies de plantas endémicas y constituyen una barrera natural para la conservación de los bosques, pues en la actualidad, más del 90% de la deforestación ocurre fuera de ellas.
Parques como el Tunari o el Amboró, son esenciales para la provisión de agua a las zonas agrícolas y las ciudades, al mantener el ciclo hidrológico y la recarga de acuíferos.
En Bolivia, las áreas protegidas comprenden parques nacionales, reservas biológicas, áreas naturales de manejo integrado y unidades de conservación del patrimonio natural, entre otras.

FOTO PRINCIPAL: Una vista del Parque Nacional Kempff Mercado, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y donde se registra un incendio desde principios de agosto. Foto: FAN / Andrés Unterladstaetter
