EDUCACIÓN. En el Día Mundial de la Educación Ambiental, murales y teatro educativo muestran cómo el arte puede movilizar a la ciudadanía y promover cambios de hábito desde lo cotidiano.
Un científico del futuro realizó un desesperado recorrido por unidades educativas de Santa Cruz de la Sierra durante el segundo semestre de 2025. Llegó desde el año 3500 con una advertencia: la acumulación irresponsable de residuos convirtió la Tierra en un desierto sin flora ni fauna. Sin embargo, no encontró respuesta en una sociedad que hoy prioriza el consumo y el uso creciente de materias primas que disminuyen a pasos agigantados.
Este incomprendido científico era el protagonista de una de las obras que se presentaron durante el Festival Intercolegial de Teatro Breve “Santa Cruz Recicla”, que fueron creadas y actuadas por los alumnos de diez unidades educativas para visibilizar el impacto ambiental y generar hábitos respetuosos con el medio ambiente.
En el norte del país, en Cobija, un mural educativo y compuesto por ocho piezas interconectadas, es el llamado constante a impulsar la conservación del jaguar, el felino que tiene un rol ecológico central en diferentes ecosistemas y que enfrenta serios problemas para su supervivencia en la Amazonía.
La pieza aborda de manera visual y pedagógica los principales ejes de la conservación del jaguar: su rol como depredador tope y regulador de los ecosistemas, su importancia como especie paraguas e indicadora, las amenazas que enfrenta -como la pérdida de hábitat y el tráfico ilegal-, la necesidad de conectividad entre paisajes, el valor de la educación ambiental, la coexistencia con las comunidades y el impulso de medios de vida sostenibles como estrategia clave para su protección.
Hoy, como cada 26 de enero se conmemora el Día Mundial de la Educación Ambiental, y estas dos experiencias reflejan diferentes caminos para generar conocimiento y conciencia frente a desafíos como la pérdida de biodiversidad, la crisis climática o la contaminación. La jornada tiene su origen en la Carta de Belgrado de 1975, impulsada por la UNESCO y el PNUMA, que definió la educación ambiental como una herramienta clave para formar ciudadanía consciente, crítica y comprometida con la sostenibilidad.
En Bolivia, estas y otras iniciativas muestran cómo el aprendizaje ambiental puede construirse desde el territorio y las emociones, conectando conocimiento científico con identidad local y acción ciudadana.
Rosetas en los muros
“Para nuestro equipo, pintar este mural fue una forma de aportar desde el arte a un mensaje que es urgente. Cada escena que plasmamos busca que la gente se acerque, mire con atención y entienda que el jaguar necesita de todos para seguir existiendo en la Amazonía”, señala Leys Daza, artista del Colectivo de Artistas Tigre-Gente, que elaboró el mural de Cobija.
“El jaguar no es solo un símbolo de nuestra Amazonía, es parte fundamental del equilibrio natural que sostiene la vida en este territorio. Este mural es una invitación a la ciudadanía a conocerlo, respetarlo y asumir un compromiso colectivo con su conservación”, afirma la alcaldesa del municipio de Cobija, Ana Lucía Reis.
Bolivia alberga una de las poblaciones más importantes de jaguar en Sudamérica, y el departamento de Pando representa un territorio estratégico para su conservación debido a la continuidad de los bosques amazónicos. Sin embargo, el avance de diversas amenazas hace cada vez más urgente fortalecer acciones de sensibilización que acerquen esta problemática a la población urbana.
“Muchas veces hablamos de conservación desde informes técnicos, pero llevar este mensaje a los espacios públicos permite que más personas se apropien del tema. El mural traduce información científica en un lenguaje accesible, visual y cercano”, explicó Víctor García, coordinador de WWF-Bolivia en Pando.

Reflexión y diálogo
Cada sección del mural fue diseñada para generar reflexión, diálogo y sensibilización ambiental, destacando que la conservación del jaguar no depende únicamente de proteger al animal, sino de mantener bosques conectados, promover prácticas productivas responsables y reducir los conflictos entre fauna silvestre y comunidades.
“Hablar de jaguar es hablar de bosque, de agua, de medios de vida y de futuro. Este mural muestra que la coexistencia es posible cuando entendemos el rol del jaguar y trabajamos junto a las comunidades para reducir riesgos y generar alternativas sostenibles”, dijo Michelle Peñaranda, oficial de Monitoreo y Vida Silvestre de WWF-Bolivia.
La iniciativa también busca visibilizar la problemática del tráfico ilegal de partes de jaguar, una de las amenazas más graves para la especie en la región amazónica, y reforzar la necesidad de acciones conjuntas entre instituciones, autoridades locales y ciudadanía. Un mensaje que, a través del proyecto “Tigre Gente”, también se instaló en los aeropuertos de El Alto y Santa Cruz, haciendo énfasis en que la conservación es una responsabilidad compartida.

Teatro, reciclaje y jóvenes
Ese mismo enfoque de educación ambiental desde el arte se replica en un contexto distinto, pero con objetivos similares, en Santa Cruz de la Sierra. Allí, el Festival Intercolegial de Teatro Breve “Santa Cruz Recicla” utiliza el teatro como herramienta pedagógica para sensibilizar a estudiantes de secundaria sobre la separación de residuos, el reciclaje y el consumo responsable.
Durante la gestión 2025 se desarrollaron dos versiones del festival, con 33 funciones teatrales, más de 1.200 estudiantes beneficiarios directos y alrededor de 6.000 personas alcanzadas de manera indirecta. Las obras, creadas por los propios estudiantes con acompañamiento artístico profesional, abordan temas como el consumo desmedido, la acumulación de residuos, la invisibilización de los recicladores y la responsabilidad ciudadana frente al ambiente.
A través del aprendizaje basado en proyectos artísticos, el teatro se consolida como una herramienta de formación ambiental que no solo transmite contenidos, sino que fortalece habilidades sociales, pensamiento crítico y expresión creativa, posicionando a las y los jóvenes como agentes de cambio en sus comunidades. Esta actividad es ejecutada por el colectivo artístico Fundarbol y EMACRUZ, en coordinación y con el financiamiento de Swisscontact, en el marco del proyecto Ciudades Circulares.
Educar para cuidar
En el Día Mundial de la Educación Ambiental, estas experiencias muestran que educar sobre el medio ambiente no se limita a enseñar conceptos, sino a construir vínculos, generar empatía y promover cambios reales. Y en ese marco, el arte demuestra que la educación ambiental puede ser cercana, creativa y profundamente transformadora cuando conecta conocimiento, cultura y acción colectiva.
