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Del bosque a la taza: el desafío de hacer sostenible la producción de cacao en Bolivia

SOSTENIBILIDAD. Este fruto se produce en varios departamentos del país. En 2024 las exportaciones se multiplicaron por la caída de la producción en otras regiones.

Cada 7 de julio, el mundo celebra el Día Internacional del Cacao, una fecha que celebra a este fruto milenario, base del chocolate, símbolo de placer y también sustento de millones de pequeños productores en América Latina, África y Asia. Instituido en 2010 por la Organización Internacional de Productores de Cacao y la Academia Francesa de Maestros Chocolateros, este día busca visibilizar no solo su valor gastronómico, sino también su importancia económica, cultural y ambiental.

En Bolivia, el cacao tiene una historia enraizada en los bosques de la Amazonía y una presencia creciente en los mercados internacionales. Sin embargo, su futuro depende de la capacidad de equilibrar tradición, sostenibilidad e innovación frente a los efectos del cambio climático y la presión sobre los recursos naturales.

Un fruto con raíces amazónicas

Originario de América Latina, el Theobroma cacao —nombre que en griego significa “comida de los dioses”— fue domesticado por civilizaciones como los olmecas, mayas y aztecas. En Bolivia, el árbol del cacao silvestre crece de manera natural en los bosques de Beni y Pando, con extensiones importantes también en el norte de La Paz, Santa Cruz y Cochabamba.

El municipio de Baures, en la provincia Iténez del Beni, ha sido declarado la “Capital del Cacao Silvestre” del país por concentrar el 64% de los rodales naturales de esta especie. Allí, como en otras regiones amazónicas, comunidades campesinas e indígenas recolectan y procesan el cacao como parte de una cultura que valora el vínculo con la naturaleza.

Sabor único y alto valor

El cacao silvestre boliviano ha ganado reconocimiento internacional por su calidad superior, aroma complejo y sabor fino. Por ejemplo, en el concurso “Cacao de Excelencia 2023”, productores de Beni, Pando y Cochabamba obtuvieron dos medallas de plata, consolidando la reputación del país como origen de cacao premium.

Este 2025, seis nuevas muestras fueron seleccionadas para representar a Bolivia en la edición mundial del certamen, como parte del Salón del Cacao y Chocolate impulsado por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Copracao.

Auge exportador, retos internos

El auge de los precios internacionales catapultó las exportaciones bolivianas de cacao a cifras históricas. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 el país exportó cacao en grano por un valor récord de 10,6 millones de dólares, un incremento del 562,5% respecto a 2023, cuando las ventas alcanzaron solo 1,6 millones. Se trata del mayor valor registrado en los últimos 30 años.

En términos de volumen, en 2023 Bolivia exportó 621 toneladas métricas de grano de cacao, generando más de 2,9 millones de dólares, con Alemania (31%), Argentina (18%), Suiza (15%), Francia (8%) e Italia (7%) como principales destinos.

La calidad del cacao boliviano es reconocida a nivel internacional.

El incremento en las exportaciones fue consecuencia, en buena parte, de la caída de la producción en países líderes como Ghana y Costa de Marfil, afectados por fenómenos climáticos que han elevado los precios internacionales. En abril de 2024, el cacao se cotizó en más de 11.000 dólares por tonelada métrica, alcanzando un pico de 12.605 dólares a finales del año anterior, según Trading Economics.

Impactos locales

El boom exportador también tuvo efectos negativos. El precio interno del quintal de cacao se elevó de  700 a más de 4.000 bolivianos, generando una crisis para la industria chocolatera nacional. Algunas empresas, como Harsic, se vieron forzadas a cerrar temporalmente por la falta de acceso a materia prima a precios razonables. Buena parte de la oferta de cacao se fue a Perú. La tarea pendiente es lograr darle valor agregado, venderlo como chocolate.

Ella es una productora de Yapacaní, en el norte de Santa Cruz, donde avanza la producción de cacao.

El cambio climático, los incendios forestales, la deforestación y la expansión de la frontera agrícola amenazan los rodales silvestres y los sistemas agroforestales donde se produce el cacao nativo. La alteración de los ciclos de lluvia y temperatura ha reducido la producción, y la pérdida de hábitat ha generado nuevas presiones, como el aumento de plagas.

Frente a este panorama, organizaciones como CIPCA impulsan prácticas sostenibles, como el manejo comunitario del bosque, jardines clonales, procesos de beneficiado mejorado y fortalecimiento de mercados locales. Sin embargo, estos esfuerzos aún requieren mayor inversión y articulación con políticas públicas de largo plazo.

Saborear con conciencia

Por ello, en el Día Internacional del Cacao, Bolivia tiene motivos para celebrar, pero también razones para actuar. El cacao no es solo un ingrediente, es un patrimonio natural y cultural que merece ser protegido y valorado.

El cacao es reconocido por la ciencia moderna como un alimento funcional. Es rico en polifenoles y flavonoides, compuestos antioxidantes que ayudan a reducir la inflamación, mejorar la circulación sanguínea, reducir la presión arterial y favorecer la salud del corazón. También contiene minerales como magnesio, hierro y potasio, y sustancias como la teobromina, que mejora el estado de ánimo. El chocolate amargo, con más del 70 % de cacao, es el que mayor concentración de estos beneficios ofrece.

Disfrutar una taza de chocolate caliente o un bombón artesanal con alto porcentaje de cacao es también una forma de honrar el conocimiento ancestral, apoyar economías locales y cuidar los bosques que aún resguardan este tesoro. En tiempos de crisis climática, saborear cacao boliviano puede convertirse en un acto de conciencia y de compromiso con un modelo de desarrollo más justo, diverso y sostenible.

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