Cecilia González Paredes
Biotecnóloga y divulgadora científica
Uno de los grandes problemas que enfrenta el país, es la falta de centros de investigación y el poco o nulo apoyo que existe en esta área multidisciplinaria. No ocurre lo mismo con el área tecnológica, que en los últimos años ha podido generar nuevos talentos, nuevas aplicaciones y abrir las posibilidades a cientos de jóvenes en carreras profesionales.
A la larga, si un país fortalece solo la tecnología pero descuida la ciencia, puede ganar aplicaciones prácticas a corto plazo, pero se vuelve dependiente del conocimiento ajeno y pierde capacidad propia de innovación de fondo. En la práctica, eso limita su soberanía tecnológica, reduce su competitividad a largo plazo y dificulta resolver problemas complejos con soluciones creadas localmente.
La tecnología termina siendo importada, adaptándose o se copia más de lo que se crea desde cero, porque la base científica que genera nuevos conocimientos es débil. El país puede mejorar procesos o servicios en el corto plazo, pero sin investigación propia le cuesta avanzar hacia innovaciones originales y sostener ese progreso en el tiempo.
También se debilita la formación de talento científico, la capacidad crítica y la producción de conocimiento local, que son claves para enfrentar salud, ambiente, energía o productividad. Invertir poco en ciencia suele frenar el crecimiento económico porque reduce la capacidad de generar innovación propia, debilita la productividad y hace más dependiente al país de tecnología importada.
La investigación también ayuda a diseñar mejores políticas públicas; cuando es escasa, las respuestas a pobreza, desnutrición, salud o planificación territorial tienden a ser menos precisas y menos eficaces. Por eso, la ciencia no solo impulsa la economía: también mejora la calidad de las decisiones del Estado.
¿Y a qué viene esta reflexión u observación? Hay carreras que se abrieron en algunas universidades hace menos de 10 años y son clave para el desarrollo de un país. Biotecnología y especialidades que se relacionan a esta carrera, mecatrónica, ciencia de datos e inteligencia artificial, son algunas de estas. Otras con un poco más de antigüedad como ingeniería biomédica, bioquímica también fortalecen la capacidad de un país para producir conocimiento propio, no solo importar tecnología. La literatura sobre formación STEM destaca que áreas como salud, transición energética, IA y sostenibilidad necesitan talento altamente calificado para sostener innovación y desarrollo.
Sin embargo, el problema es que estas carreras en nuestras universidades, tienen muchas carencias, desde falta de laboratorios equipados, equipos de análisis o medición, reactivos y sobre todo que se capacite a los estudiantes. Porque también se da la ironía que habiendo laboratorios y equipos, a veces se limita el uso de los mismos a los estudiantes.
También hay que tomar en cuenta que la docencia universitaria no es bien remunerada, en comparación con los complejos sistemas administrativos que tienen estas casas de estudio. Al final, los que damos clases, terminamos enseñando por pasión, o como sucede en la mayor parte de los casos, los docentes solo rellenan el tiempo ya que un reconocimiento tan bajo, no da para más que hacer el esfuerzo mínimo. Esto se complementa con una iniciativa muy laxa o ausente desde las universidades por abrir campos laborales para sus graduados. ¿En qué trabajan los egresados de biomédica? Muchos terminan en casas importadoras de equipos pero no desarrollando su potencial. Y los ejemplos suman y siguen para otras carreras del área científica.
La apuesta por la tecnología sin una base científica sólida es, en el mejor de los casos, una estrategia incompleta. Los países que quieren desarrollarse de verdad necesitan laboratorios, investigación, docencia de calidad y políticas que conviertan el conocimiento en motor productivo.
