EXPERIENCIA. 62 negocios se consolidaron en Urubichá, Ascensión de Guarayos y El Puente. Las mujeres y los jóvenes son protagonistas del proceso.
Karina Vargas Alba
En abril de 2022, un grupo de técnicos llegó a Ascensión de Guarayos y Urubichá para explorar potenciales negocios a partir de productos del bosque. Encontraron numerosas opciones y consolidaron 62 emprendimientos, en su gran mayoría liderados por mujeres, demostrando que “el bosque no es límite sino la base de una serie de oportunidades para crecer”. Así consolidó Bionegocios Guarayos, el proyecto que impulsó la inclusión financiera, la autogestión y la sostenibilidad.
Hoy, 8 de octubre, mientras alistan el cierre a fines de mes, Bionegocios Guarayos muestra sus resultados en Nueva York como uno de los seis proyectos seleccionados por el Banco Interamericano de Desarrollo en los “Superhéroes del Desarrollo 2025”. Edwin Vargas, director ejecutivo de la Fundación Profin, e Ingrid Antezana, coordinadora del proyecto, presentarán sus resultados.
La experiencia boliviana fue seleccionada junto a otras de Brasil, Honduras, Panamá y Perú, de entre 88 iniciativas postuladas en América Latina y el Caribe. “Superhéroes” no mide solamente los resultados, sino las dificultades que tuvieron que superar. En el caso boliviano, la provincia Guarayos fue una de las más afectadas por los incendios forestales de 2024; allí se destruyeron más de dos millones de hectáreas, afectando varias de las áreas de manejo de las comunidades indígenas que participaban en el proyecto. A esto se sumó la crisis económica y la falta de combustible, entre otros factores.
El proyecto boliviano forma parte de la iniciativa “Amazonía por Siempre” del BID, una apuesta regional para preservar el bioma de la cuenca amazónica.
Bionegocios Guarayos consolidó 62 negocios en Ascensión, Urubichá y El Puente.
Una alianza
Bionegocios Guarayos se basó en tres pilares: educación financiera, asistencia técnica y manejo colectivo de recursos. Fue financiado por el BID Lab, con 1,8 millones de dólares, y la Unión Europea y la Embajada de Suecia, con 300 mil dólares.
El proyecto fue ejecutado por cuatro instituciones: Profin, que realizó todo el proceso de educación financiera y desarrollo de los negocios; el Instituto Boliviano de Investigación Forestal (IBIF), que encabezó la formación para el manejo del bosque; WWF Bolivia, que impulsó la comercialización; y Solidar Suiza, enfocada en la comunicación. A esto se sumó el compromiso de las autoridades municipales.
El objetivo era claro: demostrar que las comunidades indígenas pueden generar ingresos preservando el bosque, reduciendo la deforestación y apostando por el aprovechamiento sostenible.
“Desarrollamos un modelo que nos permitió capacitar a las personas, brindar asistencia técnica y financiera, y fomentar la autogestión”, explicó Vargas.
El proyecto comenzó desde cero. No había emprendimientos consolidados, solo sectores potenciales. A partir del trabajo conjunto con las comunidades, se fueron identificando ideas, diseñando planes de negocio y entregando capital semilla. “Fue un proceso lento, de casi dos años y medio, porque primero había que generar confianza”, recordó Antezana.
En la práctica, eso significó enseñarles a ahorrar, invertir, planificar y manejar los recursos comunitarios. Con el tiempo, las potencialidades se convirtieron en emprendimientos: talleres de artesanía, pequeños negocios gastronómicos, producción de aceite de cusi o de piña sostenible. Todos con un mismo principio: el bosque se cuida y se aprovecha de manera responsable.
En comunidades donde la ayuda se recibía sin compromiso, Bionegocios Guarayos propuso un cambio. Cada emprendedor tuvo que dar una contraparte. Solo siguieron quienes realmente querían aprender, invertir y crecer, precisó Antezana. El 98% de los emprendimientos aumentó su productividad en más del 20%.
Carmen Moigue consolidó su negocio de tejidos artesanales junto a otras mujeres.
Liderazgo femenino fortalecido
Las mujeres fueron y son las grandes protagonistas del proceso. De los 62 emprendimientos que surgieron en Ascensión de Guarayos, El Puente y Urubichá, 57 son liderados por mujeres. Ellas sostienen los procesos cuando los hombres migran temporalmente o se dedican al aprovechamiento forestal. Además, han dado forma a un liderazgo más sólido, colectivo y resiliente.
“Las mujeres son las más fuertes, las que le ponen mayor empeño para mejorar sus medios de vida y cuidar del bosque”, expresó Antezana.
Por ello, el proceso fue más allá de la creación de negocios: impulsó empoderamiento personal, autoestima y autonomía económica. Muchas de ellas hoy manejan sus propios recursos, toman decisiones financieras y lideran asociaciones que generan mayor y mejor oferta.
Además de los aprendizajes técnicos, Bionegocios Guarayos se promovió una educación financiera adaptada a la realidad de las comunidades indígenas: cómo ahorrar, cómo invertir, cómo planificar a futuro.
“Enseñarles a manejar sus recursos fue clave para asegurar la sostenibilidad de sus negocios”, expresó Vargas.
Cada uno de los emprendimientos recibió recursos para maquinaria y otros insumos. A la izquierda, la luthería de Ascensión de Guarayos; a la izquierda, un proyecto gastronómico.
Producir sin destruir: sostenibilidad
El impacto del proyecto se tradujo también en la incorporación de prácticas productivas más limpias. En la extracción del aceite de cusi, por ejemplo, se reemplazó la leña por prensas y hornallas a gas, reduciendo el uso de biomasa. En la gastronomía local se mejoraron los sistemas de cocción, y en la producción de piña -la fruta emblemática de Guarayos- se adoptó la técnica del mulchin, una lámina plástica que conserva la humedad del suelo, reduce el uso de agroquímicos y duplica la productividad sin necesidad de deforestar.
“Antes en una hectárea se producían 20.000 piñas; ahora, 40.000, y durante todo el año. Eso ha abierto los ojos de los productores”, explicó Antezana. Con estas innovaciones, las comunidades asumieron el compromiso de no deforestar durante los próximos tres años, apostando por una agricultura que regenera y no destruye.
La piña guaraya, además, fue reconocida oficialmente como una especie local dentro del banco de semillas del Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF), un logro que da identidad y valor al trabajo comunitario.
Además, se financiaron sistemas de riego y la incorporación de paneles solares para el uso de las bombas de agua, lo que deriva en la reducción del uso de combustibles fósiles.
El manejo del bosque y su preservación, fue uno de los elementos centrales del proyecto.
Resiliencia frente a las crisis
El camino no fue fácil. Durante la implementación, Bolivia enfrentó una crisis económica, escasez de combustible e inflación, además de los incendios forestales de 2024, que tuvieron su epicentro en Santa Cruz. Guarayos vivió semanas enteras bajo humo y cenizas. Comunidades como San Juan, Aisú y Agwará sufrieron pérdidas, los ingresos se redujeron y varias áreas de manejo forestal quedaron dañadas.
Aun así, la gente no se rindió. Las organizaciones locales y la cooperación internacional, incluida la cooperación suiza, brindaron apoyo humanitario durante la emergencia. Pero fue el modelo de bionegocios lo que permitió que las familias pudieran levantarse nuevamente.
“El proyecto se convirtió en una oportunidad para seguir trabajando, producir, sostener a la familia y mantener viva la esperanza”, expresó Antezana.
Durante el proceso de educación financiera, las emprendedoras incorporaron nuevas opciones, como el pago con QR.
Esto apenas comienza
Más allá de los números, Bionegocios Guarayos impulsó una transformación. Las comunidades hoy están convencidas de que el bosque es la base de desarrollo. “Hay una nueva conciencia: la de vivir con el bosque, no del bosque”, afirmó Vargas.
La cooperación entre instituciones fue clave. Cada actor aportó su experiencia: unos en manejo del bosque y comercialización, otros en comunicación y educación ambiental. Juntos lograron un proceso integral que combinó saber técnico, inclusión financiera y sostenibilidad ambiental.
Al acercarse el cierre del proyecto, quienes lo lideran reconocen que éste es apenas el primer paso. “Deberíamos estar tristes porque se acaba, pero estamos contentos porque vemos los resultados”, afirmó Vargas.
“El trabajo con las comunidades indígenas no puede limitarse a tres o cuatro años. Necesita continuidad, al menos una década, para consolidarse y volverse parte del ADN comunitario”, agregó.
Una plataforma internacional
La participación en los Superhéroes del Desarrollo del BID es, más que una competencia, un reconocimiento a esa perseverancia. Estar este miércoles entre los tres ganadores, significaría visibilizar el modelo boliviano de inclusión y sostenibilidad ante toda la región.
No obstante, los logros ya están. Esto se refleja, entre otros, en las más de 329 hectáreas cuya deforestación se evitó, en las 400 mil hectáreas bajo manejo forestal, la inclusión de mujeres y jóvenes y más de 86.000 personas sensibilizadas en el cuidado del bosque y el medio ambiente.
Además, surgen nuevas oportunidades de la unión de los emprendedores. La «Ruta Bionegocios Guarayos» es una oferta turística que une sabores, cultura y naturaleza. La oferta incluye el café ecosostenible de Nativo; las hamacas atadas de Urubichá; Bartgwagwasú, la línea de cosméticos derivados de aceite de cusi; los violines barrocos de Luthería Ascensión; y Kové, la producción de piña sostenible.
El desafío es que sus negocios, así como sus bosques, sean sostenibles a largo plazo.