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Algarrobo: el árbol que podría sostener el futuro del Chaco

SOSTENIBILIDAD. ES uno de los árboles más completos de la naturaleza. Da sombra; es alimento para animales silvestres, ganado, polinizadores y humanos; infiltra agua, mejora suelos y ayuda a sostener la vida en un ecosistema cada vez más vulnerable.

Texto: Antonio Eid / Edición: Karina Vargas 

Viendo a su ganado engordar con las dulces vainas que encontraban en el suelo, Don Pila Rojas entendió que el árbol que las producía debía tener un lugar distinto en su vida. Hoy su familia tiene 2.500 y, como cada noviembre, ya inició la recolección de los frutos que se convertirán en harina.

Ese árbol es el algarrobo -conocido también como cupesí o takho- y aunque sus variedades habitan en todos los continentes, en el Chaco boliviano predominan la Neltuma alba y la Prosopis nigra, los algarrobos de vaina blanca y negra. Para los pueblos weenhayek y guaraní, ha sido parte de su historia y su dieta desde siempre.

A mediodía, las vacas de Don Pila descansan bajo la copa verde. En otros momentos del día, también lo hacen los zorros, los conejos del monte, las urinas y otros animales que llegan a beber del atajado que él mantiene lleno. Es ahí, entre ganado y monte, donde la familia recoge las vainas que empiezan a caer en noviembre: materia prima de una economía pequeña pero creciente.

El algarrobo sostiene, alimenta y protege. Y lo hace en uno de los ecosistemas más frágiles del país.

Un territorio que ya no aguanta más

El Chaco boliviano, seco y de regeneración lenta, enfrenta un deterioro acelerado con sequías prolongadas, lluvias cada vez más irregulares, desmontes para monocultivo, suelos empobrecidos y pérdida de fauna.

La expansión agropecuaria sin manejo adecuado dejó zonas degradadas. Según la Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular, la provincia Gran Chaco ha perdido el 32% de su bosque nativo. Frente a este panorama, Fundación Nativa, ciudadanos chaqueños y la Plataforma Ambiental de Villamontes propusieron la Ley Departamental “Corredor Pilcomayo”, el espacio donde habita el Algarrobo.

En ese escenario, no hay milagros. Pero sí hay decisiones que pueden inclinar la balanza. Y una de ellas está naciendo alrededor del árbol que estuvo siempre ahí.

Ganadería que se adapta al bosque

La Federación de Ganaderos del Chaco (FEGACHACO) reúne a más de 1.500 productores. Muchos ya recolectan la vaina para complementar la alimentación del ganado.

Sin embargo, la familia Rojas Tejerina va un paso más allá: produce un alimento balanceado mezclando vaina molida con soya, maíz, sorgo y suplementos minerales lo que puede mejorar el rendimiento en las diferentes etapas de la ganadería: preparto, lactancia, cría y engorde.

Los algarrobos, además, actúan como paraguas térmicos naturales que reducen el estrés del calor, uno de los problemas cada vez más graves en el Chaco.

Un refugio floral para la apicultura

La Federación de Apicultores Regional Gran Chaco -450 productores de 13 asociaciones- depende directamente de la floración del monte. En invierno, cuando el paisaje se queda sin flores, José Luis Cruz prepara tortas proteicas con harina de algarrobo, sacarosa y proteínas para sostener las colmenas.

El resultado es significativo: incremento de hasta 70% en productividad, no solo en miel, sino también en colmenas, reinas, propóleo, cera y otros derivados.

No es el único que ha encontrado alternativas. En el Chaco surgen iniciativas artesanales, que han consolidado su oferta y su presencia en el mercado, como Don Felipe, de Erlan Coca, y Alma de Monte, de Maritza Rojas.

En 2026 proyectan producir 4.000 y 2.000 kilos, respectivamente, marcando un incremento sostenido y el avance que tienen pese a las limitaciones productivas.

Fuera del Chaco, la empresa Productos Santiago, ubicada en Cochabamba, produce bebidas energizantes con algarrobina, el jarabe de algarrobo, y tiene capacidad de procesar 100 quintales diarios. Pero sin certificaciones y sin oferta constante en la cadena, la demanda no se consolida.

Hay buenas señales

Aunque Bolivia no cuenta aún con datos oficiales consolidados, el comportamiento en campo es claro:

  • La ganadería mejora con sombra y suplementación adecuada de algarrobo.
  • Las colmenas alimentadas con suplemento de algarrobo aumentan su rendimiento
  • Las familias productoras diversifican su producción con harina, algarrobina y derivados, lo que se refleja en mayores ingreso.
  • La reforestación con algarrobo -como los 2.500 árboles de los Rojas Tejerina- restaura suelos, aumenta biodiversidad y protege fuentes de agua.
  • La harina se vende a 90 bolivianos el kilo en tiendas saludables de Santa Cruz, La Paz y Cochabamba.

Estos datos reflejan que el modelo es pequeño, pero funciona y es replicable.

El algarrobo es uno de los árboles más representativos del Chaco. Foto: Katia Garrido

Limitaciones y desafíos reales

El potencial del algarrobo es grande, pero hacerlo realidad requiere superar una serie de barreras que se expresan en: una cadena dispersa y poco tecnificada; emprendimientos sin certificaciones sanitarias y que necesitan fortalecer sus buenas prácticas de manufactura; ausencia de estandarización de calidad en la producción de harina; recolección manual y falta de centros de acopio; información científica y económica fragmentada; empresas con capacidad, pero sin condiciones para exportar; y la falta de desarrollo comercial para la resina.

Estos son algunos de los desafíos que los productores deben enfrentar para sentar las bases del despegue de esta cadena productiva.

Las experiencias en el chaco tarijeño están dejando aprendizajes claros, que pueden ser aplicados en otras regiones. Las principales son las siguientes: el árbol correcto cambia un sistema productivo; adaptarse al bosque lo conserva; emprendimientos pequeños pueden crear nuevos mercados; Bolivia pierde oportunidades sin certificación; y la reforestación productiva es viable, como muestran los 2.500 árboles de los Rojas Tejerina.

Lo anterior refleja que el modelo puede replicarse en todo el Chaco, incluyendo predios ganaderos, apiarios, comunidades y sistemas silvopastoriles.

Preservar el bosque es una decisión

En la propiedad de los Rojas Tejerina, el monte no es un adorno ni una reserva nostálgica: es una decisión. Don Pila lo sabe bien. Años atrás, cuando un empresario maderero quiso abrirse paso con topadoras sobre una franja de su monte, él se plantó frente a las máquinas. No tenía estudios técnicos ni un discurso ambiental; tenía memoria. Sabía que sin esos árboles no habría agua en el atajado, ni sombra para el ganado, ni frutos para mantener a su familia.

Hoy, bajo esas mismas copas verdes, recoge las vainas que alimentan a sus animales, fortalecen colmenas y sostienen a nuevos emprendimientos. Lo que antes fue solo un gesto de resistencia, hoy se entiende como una acción estratégica: conservar para producir.

El Chaco está cambiando: la sequía es más larga, la lluvia más breve y el desmonte descontrolado. Pero en ese escenario negativo, el algarrobo aparece como un aliado de largo aliento. Las familias que hoy lo cosechan no impulsan una moda ni una tradición perdida: trabajan con la convicción de que están construyendo el futuro del Chaco.

Las vainas del algarrobo alimentan al ganado y tienen diversos usos. En el Chaco, la familia Rojas Tejerina también produce plantines para la reforestación.

La cadena del algarrobo sigue siendo pequeña, pero manda una señal clara: cuando la producción se adapta al bosque -y no al revés- la conservación deja de ser un costo e ingresa en la economía de la gente.

Quizá por eso, en un territorio acostumbrado a resistir, este árbol empieza a adquirir otro sentido. No es solo sombra, ni alimento, ni resina. Es continuidad. Es la idea -simple y poderosa- de que el futuro del Chaco puede sostenerse desde sus propias raíces.

Foto principal: En la comunidad Puesto Uno de Villamontes, doña Balbina Vásquez y su familia, han encontrado una nueva oportunidad en el algarrobo. Foto: Antonio Eid

*Esta investigación fue realizada con el apoyo del Fondo Concursable de la Fundación para el Periodismo (FPP) en el marco del proyecto Periodismo de Soluciones.

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