Cecilia González Paredes
Biotecnóloga y divulgadora científica
En el imaginario colectivo, la palabra «nuclear» suele despertar temores asociados a catástrofes o armamento. Sin embargo, en el ámbito de la salud, esta disciplina representa una de las fronteras más esperanzadoras de la ciencia moderna.
En Bolivia, la medicina nuclear no es una novedad -existe hace más de 60 años-, pero sigue siendo una gran desconocida, tanto para el público general como para las carteras de inversión estatal. Para profundizar en esta rama, conversamos con la doctora Fabiola Portugal, especialista en medicina nuclear, cuya visión nos permite entender que lo que está en juego no es solo tecnología, sino la calidad de vida y el derecho fundamental a la salud de los bolivianos.
Al preguntarle sobre su elección de carrera, la doctora Portugal es clara: la medicina nuclear ofrece una dimensión que ninguna otra técnica de imagen posee. «Escogí la medicina nuclear porque, al conocerla a profundidad, supe que se realiza un diagnóstico por imágenes donde lo que el médico nuclear estudia es el funcionamiento de los órganos, más allá de su estructura o anatomía», explica.
Esta capacidad de observar la fisiología en tiempo real es lo que ella denomina un «aporte adicional». Mientras que una radiografía o una tomografía convencional nos muestran cómo se ve un órgano, la medicina nuclear nos dice cómo está trabajando, permitiendo detectar alteraciones funcionales mucho antes de que se manifiesten cambios físicos estructurales.
La medicina nuclear en nuestro país no se limita al diagnóstico; tiene una vertiente terapéutica que hoy se encuentra bajo asedio por la falta de recursos. La doctora Portugal destaca que la especialidad puede tratar patologías, principalmente en el área oncológica. No obstante, revela una realidad cruda: «En el país estamos limitados; contamos con cierta cantidad, o de hecho solo un radioisótopo, que nos permite tratar un tipo de cáncer».
Para la especialista, el horizonte debería ser la «teragnosis» (diagnóstico y terapia combinados con enfoque personalizado). Uno de sus mayores anhelos es que, en un futuro cercano, los pacientes bolivianos accedan a terapias con diversos radioisótopos que mejoren su calidad de vida. No se trata solo de cifras frías o de curación absoluta, sino de humanidad. «A veces nos enfrascamos en números…, decimos que permite incrementar la vida en seis meses o dos años. Quizás en números parece poco, pero para las familias, esos días, semanas o meses son completamente significativos», reflexiona la doctora con una sensibilidad que va más allá del rigor científico.
La necesidad de esta especialidad en Bolivia es, según Portugal, una cuestión de derechos humanos. Ante el ascenso imparable de las cifras de patologías oncológicas en el país, la medicina nuclear se vuelve indispensable. Si bien reconoce logros importantes, como la llegada de la técnica PET-CT (Tomografía por Emisión de Positrones), que hace menos de una década no estaba disponible en el país, el avance es insuficiente.
«Hace falta una mayor inversión, sea privada o estatal, en cuanto a insumos. Seguimos limitados lastimosamente», afirma. El desafío no es solo tener las máquinas, sino garantizar el flujo de los radiofármacos necesarios para que estas no se conviertan en monumentos a la obsolescencia.
Un punto neurálgico en la práctica de la doctora Portugal es la ética financiera detrás del diagnóstico. Los estudios de medicina nuclear son costosos y, en un país donde la mayoría de los pacientes costean su salud de su propio bolsillo, el médico debe ser un guardián no solo de la salud, sino de la economía familiar. Su recomendación para otros especialistas es tajante: se debe tener un criterio claro de cuándo solicitar estos estudios. «Es importante que no dañemos el bolsillo que ya de por sí la enfermedad les está afectando». La actualización constante es la única vía para saber cuándo un estudio nuclear será un beneficio real y cuándo un gasto innecesario.
La medicina nuclear en Bolivia hoy se sostiene gracias al esfuerzo de especialistas que, como ella, ven en cada isótopo una oportunidad de tiempo para una familia. Sin embargo, sin una política estatal de inversión en insumos y una mayor difusión de sus beneficios en áreas como la cardiología, traumatología y neurología, esta rama seguirá siendo un privilegio de pocos.
La salud en Bolivia necesita dejar de ver a la medicina nuclear como un lujo de ciencia ficción para empezar a verla como lo que es: una herramienta de precisión que salva, y sobre todo, dignifica la vida.
