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Mujeres que organizan, cuidan y defienden el acceso al agua

DESARROLLO. ​Las historias de San José de Chiquitos y Alba Tapera muestran cómo la crisis hídrica y las soluciones tienen a las mujeres en primera línea. El 87,2% de los bolivianos acceden a agua potable y el 63,6% a saneamiento, aunque las brechas persisten.

Karina Vargas Alba

Cada medianoche comienza el racionamiento en San José de Chiquitos. Las familias saben que deben acopiar el agua para cubrir las necesidades de su hogar hasta las seis de la mañana, y cuando retorna, muchas veces lo hace con poca presión o con sedimentos. En este municipio chiquitano, la escasez dejó de ser una posibilidad y se convirtió en parte de la vida cotidiana.

“Ya es todos los días”, dice Luzmery Ábrego, concejal municipal, al describir una rutina que se repite incluso en época de lluvias. Su situación es la de muchos, vive a dos cuadras de la plaza principal y cuenta que hace más de un año no puede usar la ducha porque no hay presión suficiente. En su casa instaló un grifo casi al ras del suelo para bañarse, mientras la lavadora quedó en pausa permanente.

Quienes pueden comprar un tanque de almacenamiento logran amortiguar la escasez, pero son la minoría. Los más deben convivir con el racionamiento, el agua turbia y un servicio que no siempre alcanza para cubrir lo básico. En las comunidades rurales, explica Ábrego, la situación puede ser incluso más dura: hay lugares donde el agua no es apta para el consumo humano y otros donde simplemente no alcanza, por lo que debe trasladarse desde otros puntos, una tarea que recae sobre todo en las mujeres.

En el Día Mundial del Agua, que se celebra cada 22 de marzo, la historia de San José de Chiquitos refleja la relación entre agua, saneamiento e igualdad de género en la cual pone foco este año Naciones Unidas para conmemorar esta fecha. La organización advirtió que la crisis hídrica no afecta a todas las personas por igual y que, en muchos hogares del mundo, son mujeres y niñas quienes asumen el costo más pesado cuando el agua falta o no llega en condiciones adecuadas.

Un objetivo lejano

A escala global, los datos muestran que hay un largo camino por recorrer para alcanzar uno de los principales Objetivos de Desarrollo Sostenible, el de agua limpia y saneamiento para todos. En 2024, el 74% de la población mundial tenía acceso a agua potable gestionada de forma segura, pero 2.100 millones de personas aún no accedían a ese nivel de servicio. En saneamiento, la cobertura mundial gestionada de forma segura llegaba al 58%.

Alrededor de 1.800 millones de personas viven en hogares sin agua dentro de la vivienda y, en cerca del 70% de esos casos, son mujeres y niñas quienes se encargan de recolectarla.

Pero la escasez no solo implica falta de infraestructura. El Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2026 advierte que la crisis del agua también se agrava por la desigualdad de género y por la falta de datos desglosados por sexo, una carencia que vuelve menos visibles las diferencias en acceso, carga de trabajo, participación y toma de decisiones. Sin esa información, sostiene el informe, es más difícil diseñar políticas hídricas equitativas y eficaces.

Además, advierte que muchas soluciones llamadas “de bajo coste” descansan en trabajo no remunerado, lo que invisibiliza el aporte real de las mujeres y subestima el costo social del acceso al agua. En América Latina y el Caribe el agua sigue siendo central en las tareas domésticas y de cuidado, responsabilidades que recaen mayoritariamente en las mujeres y suelen estar poco reconocidas y no remuneradas. Añade que las mujeres rurales e indígenas cumplen un papel fundamental en el acceso al agua, la gestión de los recursos hídricos y la protección ambiental, aunque su aporte sigue siendo frecuentemente invisibilizado.

Luzmery Abrego, a la izquierda, junto a las otras promotoras de la ley que ya fue aprobada en el Concejo, pero que aún espera su promulgación.

Las causas de la escasez

En San José de Chiquitos, la crisis también se explica por transformaciones más profundas del territorio. Según los testimonios locales y los estudios técnicos realizados en el municipio, el cambio climático, los incendios forestales, la deforestación y el cambio de uso de suelo han debilitado las fuentes superficiales y aumentaron la fragilidad de los acuíferos que deben recargarse con las lluvias.

Después de los incendios de 2019, se comprobó una fuerte afectación en la capacidad de recarga hídrica, que disminuyó hasta en un 40% y luego continuó con una reducción paulatina, de acuerdo a los estudios encabezados por la hidrogeóloga Mónica Guzmán.

Frente a ese escenario, Ábrego impulsó un proyecto de ley municipal para proteger las áreas de recarga hídrica y ordenar el uso del agua subterránea. La propuesta, ya aprobada por el Concejo, plantea crear un observatorio del agua para orientar mejor las perforaciones, monitorear las fuentes y planificar infraestructura de almacenamiento, además de fortalecer la capacitación de la población. La solución no pasa solo por buscar más agua, sino por protegerla antes de que desaparezca.

Soluciones con impulso femenino

En Alba Tapera, una comunidad guaraní del municipio de Warnes, Elena Cuéllar cuenta otra historia atravesada por el agua. Cuando la comunidad nació con 70 familias que habían llegado a la zona para trabajar en la zafra de caña, el abastecimiento dependía de pequeños atajados de palma. Después llegó un pozo y un tanque de 15.000 litros, pero los problemas sanitarios seguían. El agua potable recién llegó hace un año y, con ella, dice Elena, disminuyeron las infecciones gastrointestinales, sobre todo entre niños y adultos mayores.

Su recuerdo condensa años de esfuerzo comunitario que culminaron con la autogestión de su sistema de agua potable. “A veces a las dos de la mañana había que estar velando porque eran demasiadas familias para cargar agua. Hasta los niños tenían que hacer fila, porque eran solamente cuatro grifos, y ahora tenemos agua en la casa”, relata. Esto no solo alivió una necesidad básica, sino que cambió la rutina de la comunidad y mejoró la salud de sus familias.

En Alba Tapera las mujeres no solo acompañaron ese proceso: lo empujaron. Un día Isabel Soto llegó con el desafío: tenían la oportunidad de capacitarse como plomeras. En pocos meses, un grupo de 11 mujeres aprendió a construir baños, instalar lavanderías y reparar cañerías. Varias partíeron en condiciones muy adversas, incluso sin saber leer o escribir, pero aprendieron las operaciones básicas para hacer instalaciones y administrar sus ingresos. Hoy buscan abrirse camino también en Santa Cruz de la Sierra, convencidas de que pueden desempeñar ese trabajo igual o mejor que los hombres.

Ellas son parte de las 11 plomeras de Alba Tapera y que hicieron las instalaciones sanitarias de su comunidad.

El compromiso de estas mujeres guaraníes y el de muchas otras, ayudan a paliar las carencias que aún existen en el país. En Bolivia, los datos del Censo de Población y Vivienda 2024 muestran avances, pero también límites. El 87,2% de la población en viviendas particulares ocupadas accede a agua potable y el 63,6% a saneamiento, aunque persiste una gran brecha entre lo urbano y lo rural.

Por ello, en muchos territorios el acceso sigue siendo una experiencia marcada por la escasez, la desigualdad y la organización comunitaria. En San José de Chiquitos y Alba Tapera, las mujeres demuestran que el agua no solo se espera o se carga, también se gestiona, se protege y se defiende todos los días.

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