Cecilia González Paredes. Ms.C.
Biotecnóloga y comunicadora científica
Canadá acaba de perder su estatus de territorio libre de sarampión, un retroceso alarmante para un país que había alcanzado la eliminación de la enfermedad desde 1998 y que ahora registra miles de casos en 2025, tras años de tasas de vacunación en descenso.
Este fenómeno no es exclusivo de Canadá: Estados Unidos y México también enfrentan brotes sostenidos y podrían perder su estatus en los próximos meses. La causa principal es clara: la caída de la confianza en la ciencia y en las recomendaciones de salud pública ha abierto la puerta a las campañas antivacunas y a la desinformación, dejando a la población, especialmente a los más vulnerables, expuesta a enfermedades prevenibles.
La pérdida de estatus de países desarrollados es un síntoma de una crisis de salud global. Si naciones con recursos y sistemas sanitarios robustos no logran mantener la inmunización masiva, la situación para países con menos recursos, como Bolivia, se agrava. En Bolivia, donde el acceso a la vacunación puede ser desigual y las campañas de información no siempre llegan a todas las regiones, la reaparición de enfermedades como el sarampión podría tener consecuencias devastadoras. Además, la migración y los viajes internacionales facilitan la propagación de brotes, lo que pone en riesgo a comunidades que ya enfrentan barreras estructurales para acceder a la salud.
El sarampión no es la única enfermedad que está volviendo. Otras infecciones prevenibles por vacuna, como la difteria, la tos ferina y la poliomielitis, también han registrado rebrotes en diversas partes del mundo. La causa común es la misma: la deserción en los esquemas de vacunación y la falta de control efectivo por parte de las autoridades de salud. En Bolivia, donde las campañas de vacunación enfrentan desafíos logísticos y sociales, la reaparición de estas enfermedades representa una amenaza directa para la salud pública y para el desarrollo social.
Las autoridades de salud deben fortalecer los sistemas de vigilancia, garantizar el acceso equitativo a las vacunas y combatir la desinformación con campañas claras y efectivas. Sin embargo, la responsabilidad no recae solo en el Estado. La sociedad civil, los medios de comunicación y las comunidades tienen un papel crucial en promover la confianza en la ciencia y en las medidas preventivas. El resurgimiento de enfermedades que creíamos controladas es una advertencia: la salud pública no es un logro permanente, sino una tarea que requiere compromiso constante y solidaridad colectiva.
La pérdida del estatus de libre de sarampión en países como Canadá es un llamado de atención para todos. Países con menos recursos enfrentan riesgos mayores y requieren apoyo internacional, pero también es fundamental que cada comunidad, sin importar su nivel de desarrollo, valore la vacunación como un derecho y una responsabilidad compartida.
La salud pública depende de la acción conjunta de todos, y la vacunación es uno de los pilares fundamentales para proteger a las generaciones presentes y futuras.
