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8 de cada 10 emprendedoras no acceden a crédito bancario por falta de garantías o discriminación

FINANCIAMIENTO. Este grupo no califica ante la banca formal, debe recurrir a créditos informales con altas tasas de interés. Las tareas de cuidado son otra barrera.

Sumando Voces

El acceso al sistema financiero formal es una barrera casi insuperable para muchas mujeres en Bolivia. Según un estudio, ocho de cada 10 mujeres emprendedoras no logran acceder a créditos bancarios formales, viéndose obligadas a depender de sus propios ahorros o de préstamos informales con altos intereses. Esta exclusión responde a una combinación de factores estructurales, entre los que destacan la falta de garantías, la informalidad de sus negocios y prácticas de discriminación por parte del sistema financiero.

Además, el estudio establece que más del 70 % de las mujeres en Bolivia trabaja en la informalidad y su acceso al empleo formal, formación y participación en espacios de decisión está limitado por la sobrecarga del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, según la investigación ‘Alli Cullqi: Derechos económicos de las mujeres en su diversidad en Bolivia’, elaborado por la Coordinadora de la Mujer, con el apoyo financiero de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) y CARE Ecuador.

El objetivo fue «evidenciar cuál es la situación y la condición de las mujeres y sus derechos económicos», bajo una metodología «feminista», que recoja sus vivencias y tenga en cuenta una «interseccionalidad» entre aspectos como la condición económica, identidad cultural y orientación sexual, explicó a EFE América Maceda, una de las investigadoras.

«La Asofin reporta que ocho de cada 10 mujeres emprendedoras no acceden a crédito bancario formal por falta de garantías reales (bienes inmuebles), historial crediticio inexistente, informalidad de sus actividades, discriminación explícita o implícita», refiere el estudio. La investigación está basada en una encuesta nacional aplicada a 317 mujeres y fue realizada por la Coordinadora de la Mujer en Bolivia. El estudio se ejecutó de manera paralela en Ecuador, descubriendo realidades muy similares.

Algunos testimonios de las mujeres encuestadas. 

No califican

El estudio recalca que el sistema bancario boliviano opera bajo una lógica que margina a las mujeres, especialmente a aquellas que lideran emprendimientos de subsistencia. La mayoría de estas iniciativas son pequeñas y no cuentan con el historial crediticio o los requisitos documentales que exige la banca tradicional. Ante este escenario, muchas mujeres recurren a microcréditos informales con intereses elevados o «pasanakus» familiares para adquirir activos, enfrentando tasas de interés que pueden oscilar entre el 4% y el 5% mensual, lo que asfixia el crecimiento de sus negocios.

Para las mujeres lesbianas o trans que forman parte de la población LGBTIQ+, el muro financiero es aún más alto. El estudio revela que el 56,3% de las mujeres «diversas» sin fuente laboral identifica su identidad de género u orientación sexual como un impedimento directo para solicitar un crédito. Además, el sistema financiero es percibido como un espacio diseñado exclusivamente para modelos de «familia tradicional», excluyendo a parejas del mismo sexo que desean solicitar créditos conjuntos. Se reporta que el 72,7% de estas mujeres ha sufrido discriminación en procesos económicos y laborales, lo que les genera una profunda desconfianza hacia las instituciones.

En el caso de las mujeres trans, la brecha salarial es dramática, ya que perciben ingresos cercanos a los 1.700 bolivianos, frente a los 4.500 bolivianos de profesionales en puestos comparables. «Más del 35% de las personas con diversa orientación sexual e identidad de género percibe ingresos mensuales inferiores a 1.000 bolivianos», establece la investigación.

El estudio apunta una doble falla del Estado: la ineficiencia para garantizar derechos económicos generales y una «ceguera» ante las realidades de la diversidad. Frente a ello, el 75% de mujeres diversas no confía en la respuesta estatal frente a la desigualdad económica y el 78,9% considera que la justicia no responde ante casos de discriminación laboral.

Los frenos

La carencia de activos fijos es el principal freno técnico. Según las encuestas nacionales del informe, el 74,3% de las mujeres diversas emprendedoras y el 65,2% de las mujeres heterosexuales en situación de desempleo no cuentan con bienes inmuebles que puedan servir como garantía hipotecaria. Esta falta de patrimonio las mantiene atrapadas en un ciclo de baja productividad, donde no pueden tecnificar sus negocios ni acceder a mercados más competitivos.

Ante esta realidad, la Coordinadora de la Mujer urge al Estado a implementar un Programa Nacional de Financiamiento Diferenciado. Esta propuesta busca que la banca formal acepte garantías flexibles no patrimoniales, como el aval comunitario o el historial comercial, y ofrezca tasas subsidiadas. Asimismo, se recomienda que la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) regule explícitamente las prácticas discriminatorias para garantizar que el acceso al capital sea un derecho efectivo y no un privilegio limitado por el género o la identidad.

Entre otras recomendaciones destacan la creación de programas de formalización progresiva y educación financiera, así como el fortalecimiento de un sistema público de cuidados que permita liberar tiempo para el desarrollo económico. Sin estas medidas, advierte el informe, la exclusión del sistema financiero seguirá siendo un obstáculo estructural para la autonomía económica de las mujeres y para el desarrollo de iniciativas productivas sostenibles en el país.

Los cuidados del hogar también son un obstáculo

La investigación también revela que la informalidad laboral supera el 70%, y una asfixiante sobrecarga de tareas de cuidado no remunerado constituyen los principales obstáculos para que las mujeres logren autonomía financiera en el país. Asimismo, los datos arrojan que el 82% de las trabajadoras se encuentra en la informalidad si se incluyen las actividades por cuenta propia.

El factor tiempo es la barrera más crítica, ya que, mientras los hombres dedican 14 horas semanales al hogar, las mujeres destinan 39 horas, lo que representa casi el triple de carga de trabajo no remunerado. Esta situación obliga al 70% de las mujeres que no buscan empleo a declarar que su razón principal es la responsabilidad de cuidado de familiares.

Puede acceder al estudio en este enlace.

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