SOCIEDAD. El informe advierte que el uso excesivo de redes sociales se asocia a mayor ansiedad y menor bienestar en los jóvenes; recomiendan fomentar un uso moderado de internet, fortalecer la confianza social y los vínculos presenciales.
Finlandia volvió a encabezar el ranking mundial de felicidad, mientras que Costa Rica instala a un país latinoamericano en el cuarto lugar de un ‘top ten’ dominado por Europa. Más allá de las posiciones, esta mirada global pone énfasis en la necesidad de evaluar el impacto de la tecnología, fomentar el uso equilibrado de lo digital y lo presencial, y fortalecer las redes sociales reales, especialmente entre los jóvenes.
Por noveno año consecutivo, el Informe Mundial sobre la Felicidad 2026 sitúa a los finlandeses en el primer lugar, con una puntuación promedio de 7,76 sobre 10 en la valoración de su vida. El podio mundial se mantiene boreal: tras Finlandia aparecen Islandia en segundo lugar y Dinamarca en tercero. Le siguen Suecia, Noruega, Países Bajos, Israel, Luxemburgo y Suiza, que completan el top‑10.
Costa Rica se convierte en el país latinoamericano mejor posicionado de la historia del informe al ocupar el cuarto lugar, lo que refleja un bienestar relativamente alto en un contexto de ingresos medios. En el otro extremo, Afganistán aparece en el último puesto (147), seguido por países como Malaui, Sierra Leona y Botswana, donde conflictos, pobreza y fragilidad institucional marcan la percepción de vida.
Los expertos destacan que el éxito finlandés no se explica solo por el dinero, sino por factores como la cohesión social, la confianza en las instituciones y la capacidad de cooperación ante la adversidad.
La sociedad finlandesa se sostiene en una red de confianza que permite a las personas sentirse apoyadas incluso en tiempos difíciles, afirmó John F. Helliwell, economista y editor fundador del informe. Sin embargo, el informe también advierte que la era digital está transformando los fundamentos emocionales del bienestar, especialmente entre los jóvenes, y que el uso excesivo de internet y las redes sociales puede erosionar ese tejido social.
El informe se basa en la Gallup World Poll, que consulta a personas de 147 países y les pide evaluar su existencia en la llamada Escalera de Cantril, una escala de 0 a 10 donde 10 representa la mejor vida posible y 0 la peor. A partir de esas respuestas, el índice incorpora seis factores: PIB per cápita, esperanza de vida, apoyo social, libertad para elegir, generosidad y percepción de corrupción.
Los jóvenes y una caída de la satisfacción
En varios países de habla inglesa, los jóvenes reflejaron una caída marcada en su satisfacción con la vida. En Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, las valoraciones de la vida entre personas menores de 25 años han bajado casi un punto en la escala de 0 a 10 durante la última década. Esta disminución contrasta con el resto del mundo, donde la percepción de bienestar juvenil se ha mantenido o incluso mejorado.
Los autores señalan como factor clave el número de horas que esos jóvenes dedican a redes sociales y videojuegos, así como la naturaleza del uso: comparaciones constantes, exposición a contenido tóxico, ciberacoso y noticias polarizantes contribuyen a mayores niveles de ansiedad y un menor sentido de valor personal.
Pero el informe también matiza: el problema no es el uso de internet en sí, sino el exceso y el tipo de interacción. Helliwell afirma que existe un “punto óptimo” de uso digital, donde la comunicación con familiares y amigos, la participación en comunidades y el aprendizaje en línea se asocian con mayor bienestar. En cambio, el uso intensivo centrado en likes, ranking de popularidad y contenido extremo se relaciona con peores resultados emocionales. Por eso, el investigador plantea una pregunta clave: ¿realmente estamos frente a redes sociales o a redes antisociales?.

América Latina: un escenario distinto
En América Latina, el patrón es distinto. Aunque los jóvenes también son muy activos en redes sociales, el informe señala que su bienestar no ha caído como en Estados Unidos, Canadá o Australia; en muchos casos, incluso se mantiene sólido o continúa mejorando. Costa Rica, en el cuarto lugar mundial, se convierte en un ejemplo de cómo la importancia de la familia, la comunidad y la vida cotidiana presencial puede amortiguar parte del impacto negativo de la hiperconectividad. Entre los países sudamericanos, Uruguay y Brasil se ubican en los puestos 31 y 32 del ranking, seguidos por Chile (50) y Paraguay (57).
El informe sitúa a Bolivia en el puesto 74 del mundo, uno menos que en 2025, con una puntuación promedio de 5,868, lo que equivale a una posición en la mitad de la tabla global. El país se mantiene en el noveno lugar en Sudamérica, lejos de los líderes pero también de naciones severamente afectadas por conflictos y pobreza extrema.
Percepción de bienestar sostenido
El informe recalca que no mide la felicidad como un estado emocional puntual, sino como una percepción de bienestar sostenido, y que la tecnología se ha vuelto un factor central en las ediciones recientes: el uso excesivo de redes sociales se asocia a menores niveles de satisfacción, especialmente entre adolescentes.
Ante este panorama, el informe sugiere varias líneas de acción para gobiernos, escuelas y familias. Entre ellas destacan la necesidad de limitar el tiempo de pantallas en menores, sin prohibir internet, y de fomentar un uso más equilibrado que combine lo digital con encuentros presenciales. También se recomienda fortalecer redes sociales reales, la confianza comunitaria y la participación en actividades colectivas, ya que estos elementos siguen siendo un pilar del bienestar en países como Finlandia. Por último, el informe llama a repensar el diseño de plataformas digitales, reduciendo incentivos a la comparación social extrema y ampliando espacios para comunicación auténtica y aprendizaje.
Para los investigadores, la paradoja del momento es que, mientras los jóvenes en parte del mundo se vuelven más conectados, muchos también se sienten más solos, ansiosos y menos satisfechos con su vida. En contraste, en Finlandia, un país con un alto nivel de digitalización, la percepción de confianza y apoyo social sigue siendo muy fuerte.

Helliwell ilustra la diferencia con un ejemplo simple: en un lugar donde se espera que te devuelvan la cartera llena, la gente vive con una sensación de seguridad que se traduce en bienestar. Esa misma confianza, sumada a políticas sociales sólidas y redes comunitarias sanas, explica por qué, a pesar de la ansiedad adolescente y la presión de las redes, los finlandeses siguen siendo los más felices del mundo.
