CONSERVACIÓN. La pérdida de hielo marino y la reducción de alimento están acelerando el declive de ambas especies en la Antártida, según la Lista Roja de la UICN.
El cambio climático está reconfigurando rápidamente los ecosistemas de la Antártida y llevando a especies emblemáticas a un punto crítico. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) informó recientemente que el pingüino emperador y el lobo marino antártico han sido reclasificados en la categoría “En peligro” de su Lista Roja de Especies Amenazadas, debido a los cambios en el hielo marino y la disponibilidad de alimento en la región.
“Los declives del pingüino emperador y del lobo marino antártico en la Lista Roja de la UICN son una llamada de atención sobre la realidad del cambio climático”, afirmó Grethel Aguilar, directora general de la UICN. “El papel de la Antártida como ‘guardiana helada’ de nuestro planeta es insustituible: ofrece innumerables beneficios a los seres humanos, estabiliza el clima y proporciona refugio a una fauna única”.
En el caso del pingüino emperador, la principal amenaza es la pérdida y ruptura prematura del hielo marino, un elemento esencial para su reproducción y para el desarrollo de sus crías. Esta especie depende del hielo fijo como hábitat durante la temporada de cría y de muda, pero desde 2016 este ecosistema ha alcanzado mínimos históricos. Si el hielo se rompe antes de tiempo, las crías pueden morir antes de estar preparadas para nadar.
Las proyecciones son contundentes. Según la UICN, la población de pingüinos emperador podría reducirse a la mitad hacia la década de 2080 si no se producen reducciones significativas en las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, datos satelitales indican una pérdida de alrededor del 10% de la población entre 2009 y 2018, lo que equivale a más de 20.000 individuos adultos.
Una severa advertencia
“El cambio de categoría del pingüino emperador a ‘En peligro’ es una severa advertencia: el cambio climático está acelerando la crisis de extinción ante nuestros ojos”, señaló Martin Harper, director ejecutivo de BirdLife International, organización que coordinó la evaluación de la especie.
En la misma línea, el científico Philip Trathan, del Grupo de Especialistas en Pingüinos de la UICN, explicó que “el cambio climático inducido por el ser humano supone la amenaza más significativa para los pingüinos emperador”, ya que los cambios en el hielo marino seguirán afectando sus hábitats de cría, alimentación y muda.
Por su parte, el lobo marino antártico enfrenta un escenario marcado por la reducción de su principal fuente de alimento. El aumento de la temperatura de los océanos y la disminución del hielo marino están desplazando al krill hacia aguas más profundas, lo que limita su disponibilidad.
El impacto ya es evidente: la población de esta especie ha disminuido en más del 50%, pasando de aproximadamente 2,18 millones de individuos adultos en 1999 a cerca de 944.000 en 2025. Esta caída ha afectado especialmente la supervivencia de las crías durante su primer año de vida, generando además un envejecimiento de la población reproductora.
A estas presiones se suman factores como la depredación por orcas y focas leopardo, así como la competencia por alimento con poblaciones de ballenas en recuperación, que también dependen del krill.
Una transformación más amplia
La UICN advirtió que estos cambios forman parte de una transformación más amplia en los ecosistemas polares. “Estas evaluaciones hacen sonar la alarma para todas las focas antárticas”, señaló Kit Kovacs, del Grupo de Especialistas en Pinnípedos, quien instó a reforzar el monitoreo en la región.
En ese contexto, el elefante marino del sur (Mirounga leonina) también fue reclasificado, pasando de “Preocupación menor” a “Vulnerable”, debido a brotes de gripe aviar altamente patógena que han afectado a varias subpoblaciones y provocado la muerte de más del 90% de las crías en algunas colonias.
Para la comunidad científica, estos datos reflejan una tendencia preocupante. “Su declive pone de relieve la rapidez con la que se están degradando los ecosistemas y cómo los impactos acumulativos del calentamiento aceleran la escasez de alimentos, la aparición de enfermedades y la pérdida de hábitats”, advirtió Kathleen Flower, vicepresidenta de Conservation International.
Las nuevas clasificaciones de la Lista Roja refuerzan la necesidad de actuar frente al cambio climático, en un contexto en el que la Antártida desempeña un rol clave en la regulación del clima global y en la conservación de una biodiversidad altamente vulnerable.
